No es lluvia, es pis

La Razón
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Rubalcaba lo califica de insulto, Madina habla de humillación, Susana dice que ha sido una desfachatez y los analistas vaticinan en bloque que el comité federal del PSOE del próximo fin de semana será un Vietnam. Alguno y creo que Mariano Rajoy entre ellos, da por seguro que los barones socialistas pararán en seco los pies a Pedro Sánchez, conscientes de que su partido saltará al abismo si acepta las condiciones que dicta Podemos y se abraza a los independentistas. Pues me da que no. Seguro de que los Vara, García-Page, Díaz, Fernández y otros altos dirigentes de esa organización que en su día lideraron personajes como Felipe González y Alfonso Guerra, están convencidos de que Sánchez, tras el derroche de chulería de Pablo Iglesias, debería de haber salido a los medios de comunicación defendiendo enérgicamente el buen nombre de su partido y de sus votantes, en lugar de agradecer temerosamente la piruleta envenenada que el podemita le metía a la fuerza en la boca. Regodeándose en la suerte, usando al Rey de frontón e informando antes a los periodistas que a su socio, el de la coleta, remató el anuncio de que va a ser el próximo vicepresidente de España y de que ya tiene claros que seis ministerios se lleva, perdonando la vida al secretario general del PSOE: «Que sea presidente del Gobierno es una sonrisa del destino que me tendrá que agradecer». Todo eso, exhibiendo a su derecha al independentista catalán Xavier Domenech para quien ya ha reservado el ministerio de Plurinacionalidad y rodeado de sus «cuates» que se harán cargo de RTVE y de las carteras de Economía, Educación, Sanidad, Servicios Sociales, Defensa e Interior. Como no podía ser de otra manera y viendo el espectáculo en televisión, al PSOE se le cortó la respiración. Por unos segundos estuvo unido, pero por el shock y la indignación. Pero enseguida comenzaron las matizaciones. A Sánchez, todo lo que se le ocurrió fue estirar los labios en una mueca que pretendía ser sonrisa y comentar chistoso que había ido a reunirse con el Rey y salía «con los ministros nombrados». Su escudero César Luena optó por acusar a Rajoy de ser un «antisistema» y el resto, los Óscar López, Antonio Hernando y demás aspirantes a ocupar los ministerios que les deje libres Podemos y el que no se lleve IU, nada de nada. Y ahí está la clave. En un cambio de Gobierno como el que se avecina, entre secretarías de Estado, direcciones generales, presidencias de organismos como la SEPI y todo eso, hay 3.000 puestos a repartir. Ya les pueden mear encima, que ellos dirán que llueve.