Operación triunfo

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El cuatrimestre empieza como acabó para el PP. Con mala pinta. La elecciones catalanas fueron un mazazo para el partido del Gobierno. Y no tanto por el resultado –ya anunciado por las encuestas– sino por el análisis que han hecho del mismo dentro de las filas populares. Desolador.

El merecido éxito de Cs y su candidata Arrimadas no tiene de momento equivalente en otras comunidades o ayuntamientos de cara a 2020. El mordisco del partido de Rivera al PP resulta aún más doloroso al comprobar que su programa tampoco es ninguna revolución –a juzgar por aquellos gobiernos que apoya–, y que solo la parálisis de los populares está aupando a Cs a resultados que ni el mismo esperaba. Cs va a ser para el PP lo que fue Podemos para el PSOE. Un grano en el culo que recuerda a los partidos tradicionales de nuestra historia democrática que el voto ya no va a seguir siendo cautivo. O espabilan o desaparecen. El PSOE, que al menos guardó silencio tras su desastre catalán, se consoló con el otro gran batacazo: el de En Comú-Podem. Otro error. Parece como si una parálisis orgánica impidiera tomar decisiones a Sánchez y Rajoy.

Y es que, como en OT, ese concurso de la tele que ha vuelto a resurgir de sus cenizas, PP y PSOE necesitan nuevas caras –jóvenes y preparadas– para volver a ganar audiencia. Se puede dar el pego durante algunas temporadas, pero si quieres levantar el share o ganar elecciones, no hay más remedio que mover el banquillo. Lo hemos visto en Europa –no hay que irse más lejos– y comprobar cómo incluso líderes sin partido y por los que nadie daba un duro, consiguen mayorías absolutas y gobiernos fuertes que cambian el rumbo de estados abúlicos y desencantados.

Hace falta ilusión y hacen falta ideas. Lo primero sin lo segundo no sirve para nada. Que se lo digan a Sánchez. Por eso el PP debe ofrecer a su electorado algún motivo para seguirles votando. Y eso solo pueden hacerlo nuevas caras pero con ganas de comerse un rancio plató de televisión. Haberlas haylas, aunque la corrupción haya echado de la vida política a muchos. Pero cuando los buenos se van –para ejemplo de esta tragedia no hay más que ver lo que ha pasado en Cataluña– vienen políticos de tercera y se dedican a hacer de las suyas: a destruirlo todo. Este es el cambio que se necesita. Confío más en la inteligencia de Rajoy para promoverlo que en la estrategia de Sánchez, pero que no se engañen, aunque Cs o Podemos desaparecieran, vendrían otros a coger esa bandera. La regeneración es ya imparable.