Originalidad e ingenio

En el periodismo deportivo se suceden preguntas y respuestas rebosadas de talento. Así le preguntaba el astuto periodista al entrenador de un equipo que había sufrido una derrota. –¿Podría decirme las causas de la derrota de su equipo?–; –No tengo inconveniente. Las causas es que ellos han marcado cinco goles y nosotros uno–. Es decir, un diálogo profundo, original e ingenioso. A un gran portero de la década de los ochenta. –¿La clave de la victoria del Real Madrid ha sido el gol de Hugo Sánchez que usted no ha podido evitar–; –efectivamente. De haberlo podido evitar lo habría evitado, pero como no pude, fue gol y hemos perdido–. En esta ocasión, el portero se ríe con elemental ironía del agudo cronista, que finaliza su trabajo con esta exclamación: «¡Siempre sincero y sin buscar excusas!».

La respuesta más inteligente que se ha publicado jamás en el periodismo impreso fue la de Arthur Rubinstein al mítico crítico de Música de ABC, Fernández-Cid. –¿Contento de volver a tocar en Madrid?–; –«buolffgudpitpit». Así se publicó y nada hay que objetar. El genial pianista salió del paso con una respuesta tan clara como contundente. Se trató de una errata, pero en el caso de que hubiera respondido de esta manera, nadie le habría negado originalidad e ingenio. La errata ingeniosa siempre busca a los grandes o a los poderosos. «Franco invita al Presidente de Filipinas, Diosdado Macapagal a visitar oficialmente Francia». Y De Gaulle, sin enterarse. La noticia se publicó en «Arriba», que no era dudoso en sus lealtades. Y también hay respuestas sinceras que dejan al periodista en estado de confusión. Yale le pregunta al productor Carlo Ponti, semanas antes de su boda con Sofía Loren «Carlo, ¿qué es lo que más le gusta de Sofía?»; «sin duda alguna, las tetas». Una respuesta romántica, como la de aquel cronista especializado en reyes y príncipes que describió de esta guisa los atardeceres estivales en los jardines del Palacio de Mónaco. «Lo que más gustaba a la Princesa Grace era descansar del ajetreo diario tumbada sobre una hamaca mientras oía el canto de las cigalas». Es decir, que Gracia de Mónaco gustaba de oir el canto de las cigalas, y cuando salía a cenar pedía de primer plato cigarras a la plancha.

Me ciño a erratas y preguntas tontas. Y todo es un preámbulo para honrar las palabras más ingeniosas, originales y cultas que se han pronunciado en España en lo que va de año. Se emitieron en la gala del cinecillo español, de la que no puedo escribir ni una «coma» porque no estuve pendiente de ella. Pero las he leído en los periódicos, que las han destacado, probablemente por su ingenio y originalidad.

Se nota que el autor de la gran frase es un hombre educado en la más brillante ironía. De hondas lecturas y fina sensibilidad para definir a los demás. Una mezcla de Camba, Foxá, Cunqueiro y Churchill. Un personaje de la Cultura. Me he referido a Foxá, que tomaba un café con el bruído escritor fascista, el italiano Curzio Malaparte. El periodista los interroga al alimón. –Señor Malaparte, ¿Si usted no fuera Malaparte, quién le gustaría ser?–; –sin duda alguna, me gustaría ser Foxá–. –Señor Foxá, y a usted, de no ser Foxá?–; –sin duda alguna, Bonaparte–.

Se me acerca el fin del espacio y aún no he honrado la gran ironía ni el nombre de su ingenioso autor. Es de la «Cultura». Javier Bardem. Lo que dijo demuestra su talento. «El ministro Wert es el ministro de Incultura». ¡Qué ocurrencia más genial! Todos los medios han coincidido en remarcarla. Servidor, todavía, no se ha recuperado del admirativo estupor. Gracias por ese ingenio y esa originalidad. ¿Cómo se le puede ocurrir a alguien una cosa tan brillante?

Cada vez que lo pienso, me entra la risa y no puedo seguir escribiendo. Por otra parte, hasta sin risa, porque no tengo espacio para continuar.¡Qué ingenio, qué irónica cultura! Se nota que vive en Hollywood, cuna de la inteligencia.