Otro más

Por más que leo y releo el comunicado del colectivo de presos etarras no veo por ningún lado el avance que algunos aplauden con entusiasmo, a no ser que hayamos asumido lo del conflicto político, lo del sufrimiento multilateral y lo de que nuestro sistema penitenciario tiene mucho de tortura infrahumana. Los firmantes de este nuevo panfleto insisten en que lo que les ha llevado a prisión es la lucha por la libertad política y social de «su» pueblo, y, como demostración de su buena voluntad, afirman que podrían aceptar que su vuelta a casa se efectuase utilizando cauces legales. A cambio, se comprometen a no seguir utilizando sus tradicionales métodos –es decir, el tiro en la nuca, el secuestro y/o el coche bomba–, que es algo a lo que si la memoria no nos falla, ya se comprometieron hace un par de años, aunque siguen manteniendo engrasado el material por si las moscas, y asumen su responsabilidad sobre «las consecuencias derivadas de su actividad política en el conflicto político». Con un par. Solamente les ha faltado utilizar la fórmula de la carta a los Reyes Magos: «Como este año hemos sido muy buenos, queremos que nos traigáis...». Si el colectivo etarra y sus familiares están como están no es ni mucho menos por voluntad propia, sino por fuerza mayor, y si persisten en llamar a los asesinatos «conflicto político»; a su totalitarismo, «lucha por la libertad» y a la democracia, «opresión del Estado» es que todavía continúan inmersos en una distorsión de la realidad de tal calibre que hace imposible el diálogo al que tanto apelan desde que no tienen más remedio.

La única conclusión que se saca de este nuevo juego floral es que si hay desde el entorno etarra una mínima intención de asumir lo inevitable es porque ya no les funciona el burro, no porque se hayan apeado de él.