Pagar para pactar

La Razón
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Una vez que ya sabe que Rajoy no va a poder formar gobierno y después de comprobar que por la vía del pacto –entendiendo como tal el acuerdo al que llegan varios actores con el compromiso de cumplirlo – tampoco tiene muchas posibilidades de poner su cepillo de dientes en el baño de la Moncloa, Sánchez ha entrado directamente al mercadeo, que es, por lo visto, la única manera de que algunos partidos le hagan la ola. La naturalidad con la que el líder del PSOE tira de fondos públicos para pagar futuros favores a los independentistas, echa por tierra todo su discurso social y le define ante otros posibles aliados como un socio poco fiable capaz de saltarse a la torera el pacto que más le tendría que importar: el que acordó la dirección de su propio partido. Si fuera verdad que a Sánchez le importa más el socialismo que su propio trasero, negociaría con el PP poniendo como condición los puntos fundamentales de su programa. Ejercer la oposición con la certeza de que se tiene cogido a quien gobierna por sus partes nobles es un ejercicio habitual en otros países y una satisfacción para quienes, perdiendo las elecciones, tienen la oportunidad de influir en las decisiones del gobierno. Aquí no; aquí el que no consigue una mayoría absoluta en las urnas es inmediatamente devorado por el resto, reagrupado en una única manada, y al que no alcanza los laureles de César le devoran los suyos. Sánchez lo sabe, y por eso está dispuesto a hacerse un «Artur Mas» a costa de vender sus principios por un plato de lentejas. En el PP tienen un líder al que parece que le ha abandonado el desodorante y en el PSOE, a un candidato que tienen que pagar en metálico para hacerse querer. A la hora de la verdad, no se sabe cuál de los dos está más solo.