Parados que estudien

Siempre pasa. En un cara a cara, las discusiones se suavizan. Es lo que les ha ocurrido a Merkel y a Rajoy este domingo en Chile. La polémica que han mantenido en los medios de comunicación desde el jueves se ha enfriado después de «echar» juntos un ratito. La canciller se escandalizó cuando conoció los datos de paro juvenil (55%) de la EPA y reclamó «medidas transitorias». Rajoy entendió que le estaba pidiendo más gasto. Y respondió desde Chile: oye Angela, que el recorte del déficit lo estoy haciendo a lo bestia porque tú me lo pides, no me exijas ahora políticas expansivas, hazlas tú para fortalecer el euro. Y Angela, tan pronto llegó al Palacio de la Moneda, respondió: mira Mariano, que yo ya he hecho mucho por el euro, tú exporta a América Latina. Ayer, ya se les veía más tranquilos.

El debate tiene su enjundia. Merkel no puede reclamar que se sorba y se sople a la vez. La pregunta ahora es si sólo podemos quedarnos sentados a esperar. A esperar que la reforma laboral, positiva en sus líneas esenciales, dé frutos cuando comience la recuperación. A esperar que, en el medio y largo plazo, el modelo productivo español cambie. No es eso lo que nos están diciendo cualificados economistas. Hay cosas que hacer y que podrían reducir el desempleo de los jóvenes parados y de los de larga duración. Sobre todo, en las políticas activas de empleo, los que intentan fomentar la colocación.

El Gobierno, después de haber recortado un 21% el presupuesto de estas políticas, ha reconocido que no sirven para nada tal y como están diseñadas. Los cursos que se imparten son poco útiles. Si no hay presupuesto, no hablemos de dinero. Pero hablemos de una mejor gestión. De vincular el cobro de la prestación a la efectiva activación del desempleado. De la calidad de la formación. Muchos de los jóvenes sin trabajo no terminaron la enseñanza obligatoria. En España los empleados y los desempleados estudiamos y aprendemos poco. Y si Merkel reactiva, pues mejor.