Percepción de corrupción

La Razón
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Hace unos días conocíamos que España registraba un mal dato de percepción de corrupción, según Transparencia Internacional, situándonos en el puesto 36 de 168 países. Sigue diciendo que España se encuentra, junto a Libia, Australia, Brasil y Turquía, entre los países que han tenido un mayor descenso en sus posiciones en los últimos años. Esto ha causado que algunos medios hayan comparado a España con estos países en percepción de corrupción, lo cual no es cierto, puesto que lo único que nos une a estos países es el descenso en puestos de la clasificación, pero no la percepción en sí misma, que es notoriamente inferior. Nadie puede objetar que cuando se trata de corrupción, tanto la pública como en la empresa privada, nos sitúa ante una lacra que hemos de combatir en todos y desde todos los ámbitos. Ahora bien, se debe contextualizar esta información, y lo primero que debemos tener en cuenta es que en España la corrupción no es sistémica, el índice de corrupción funcionarial es muy bajo, estando centrada en el ámbito político, especialmente en el ámbito de la contratación pública, y aquí es donde debemos centrar todo el esfuerzo posible, sobre todo en cuanto a la prevención; la investigación, el enjuiciamiento y el castigo a que haya lugar está asegurado. La organización que elabora este estudio admite que la comparación entre diferentes países es difícil, y ello porque como este índice está basado en sondeos, los resultados son subjetivos y son menos fiables en países de los que se extraen menos fuentes; en otro orden de cosas, lo que se define legalmente, o se percibe socialmente, como corrupción difiere según los países, por ejemplo, una donación a un partido político puede ser legal en un país y no en otros; una acción considerada aceptable en un país como puede ser dar una propina o hacer un regalo a un funcionario es considerada soborno en otro. Partiendo de todo esto, la situación en España no es muy buena, pero hay datos que invitan al optimismo. En primer lugar, tenemos una Policía judicial que investiga este tipo de delitos sin condicionamiento alguno y lo mismo cabe decir de la Fiscalía Anticorrupción, y esto da resultados, como se puede comprobar sin esfuerzo alguno. En segundo lugar, tenemos un Poder Judicial absolutamente independiente que administra justicia conforme a la Ley y a las pruebas válidamente obtenidas; la denominada politización de la Justicia no es más que un vía crucis que algunos, más unos que otros, debemos pasar. Todo ello nos debe hacer confiar en el sistema y tener claro que estamos en un país mucho más sano de lo que pudiera parecer. Precisamente el que afloren casos de corrupción y sean investigados es un buen signo, lo contrario sería preocupante. Todas las condenas que se vayan produciendo generarán una prevención general y especial que en poco tiempo se notará en este índice de percepción de corrupción. Decía Tácito que «muchas son las leyes en un estado corrompido», y no le falta razón, la solución definitiva a la corrupción pasa por una educación exigente en valores y principios contra la corrupción.