Primero poder, después «procés»

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Treinta días nos separan de la cita con las urnas –las de verdad– en Cataluña. La convocatoria sin duda más atípica, más electrizante, más visceral y puede que incierta. Contexto difícilmente imaginable hace no demasiado tiempo en una comunidad. Y sin embargo, a expensas de la inmisericorde sentencia del escrutinio y de las primeras cábalas calculadora en mano en la noche electoral, hay elementos que ya se ofrecen como innegociables más allá de las probabilidades de pactos en las que me detendré más adelante. Sensibles diferencias respecto a lo visto y oído en una legislatura estéril marcada por la locura del «procés».

De entrada, quien logre conformar una mayoría de gobierno ya no albergará dudas frente a la capacidad y decisión de un estado que actúa con todo el peso de su maquinaria. Cuando llega la hora de decir «basta» se acaban las bromas y actúa la ley. Eso es todo. Otro elemento incuestionable tras el «21-D» es la seguridad ya contrastada de que los apoyos internacionales a otra aventura secesionista son sencillamente ínfimos y, en el caso de la recurrente Unión Europea, nulos. Tampoco ahí se llamará nadie a engaño. Hay un tercer apartado que igualmente estará más que claro para el nuevo «Govern» y es la constatación de con qué facilidad puede pasarse de una condición puntera a la irrelevancia. Sirva como ejemplo el de las empresas –camino de tres mil– que se sabe cuando emigran, pero no cuando van a regresar, sobre todo porque no está escrito que no puedan acomodarse para los restos en sus nuevos y hospitalarios destinos. Ergo, quien gobierne ya sabe «sí o sí» que, o se crean las condiciones o el motor para crear riqueza no va a regresar. Enunciadas algunas cuestiones que pueden darse por seguras y que para nada son menores, queda el apartado correspondiente al «día después» y en este baile de pactos es, a diferencia de los enunciados anteriores, donde nos movemos entre muy distintos niveles de probabilidad. A saber: una reedición del pacto ERC- JuntsxSí-CUP, con Rovira y sin Junqueras y por supuesto repitiendo mayoría absoluta: probable. Acuerdo ERC-JuntsxCat-en Comú con calco en el Ayuntamiento de Barcelona donde Colau precisa del independentismo para aprobar sus presupuestos: probable. Ciudadanos-PSC gobierno en minoría con apoyos puntuales del PP: muy improbable. Finalmente, reedición del tripartito de izquierdas ERC-Comunes-PSC: altamente probable. Iceta tiene la coartada del sesgo constitucional y Sánchez no hace ascos a experimentos previos a un gran frente a nivel nacional junto a Pablo Iglesias más lo que se pueda rascar y además tiene el convencimiento de poseer relato vendible para el resto de España. Pero antes habrá de desvelarse algo probablemente mucho más esencial en la noche del 21 de diciembre. Si el bloque independentista no consigue revalidar como apuntan las encuestas su mayoría absoluta, será ahí, en esa noche, cuando se firme –ya sí– el acta de la defunción definitiva del «procés». Puede que esto sea mucho más importante que todo lo demás.