¿Quién dijo miedo?

La Razón
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Comienza para Mariano Rajoy una semana importante de contactos: precisa otros 39 apoyos para formar gobierno. A todos los políticos les toca remangarse. Hacer equilibrismos, lo llaman. El PP insiste en el PSOE como socio prioritario, aunque oficialmente los de Pedro Sánchez subrayen su negativa. «No es no» se dijo en campaña, pero imagino que ahora, en Génova, más que a Sánchez harán caso a la estrategia política que salga de Ferraz. Su secretario general, como muy tarde, hablará en el Comité Federal del sábado.

Algunos barones, felizmente, exhiben una sana intención de desbloquear España y lo expresan estos días con claridad diáfana. Díaz y Fernández-Vara sugieren pasar a la oposición para sentarse y redefinirse, nada más y nada menos. Si ya Pedro Sánchez adolece de males, en paralelo hemos visto reaparecer a Tomás Gómez, sentencia del tranvía de Parla en mano, exigiendo las justas disculpas del líder socialista. Ha vuelto también al ruedo Eduardo Madina, acabáramos, ya con su escaño en el bolsillo y quizá con intenciones mayores, vete a saber. Nublado trance, espadas en alto. Desde dentro, algunos lo llaman escisión. Apúntate a partir del sábado una tormenta socialista de imprevisible desenlace pero fundamental, en todo caso, para España.

Albert Rivera sigue, entretanto, enrocado en su idea suicida del veto a Rajoy y en Unidos Podemos, desorientados, analizan el porqué del no «sorpasso». Según Pablo Iglesias, «el miedo de los españoles a lo desconocido» les ha colocado el bronce en la carrera. Llamemos a las cosas por su nombre. A título particular, sientes miedo –doy fe– cuando activistas sincronizados te amenazan en las redes sociales solo por contar noticias que no les favorecen; miedo lo han experimentado en Cádiz Fran González y sus compañeros socialistas, seguro, cuando un concejal de Podemos les ha gritado, en un pleno, «vais a tener que llevar escolta» por no apoyar los presupuestos podemitas. Y el alcalde Kichi, tan pichi.

Reducir estos resultados electorales al miedo colectivo no cuela. Los españoles, estoy segura, se oponen en su conjunto al sectarismo intolerante, lo mismo que no comprenden la xenofobia que emana del Brexit ni a populistas tipo Trump. Este país arrastra un profundo dolor terrorista y se enerva, claro que sí, ante matones de todos los colores, llámense ETA o Dáesh. ¿Quién dijo miedo? El 26-J la mayoría votó estabilidad. Al final, queridos, todo lo explican los libros. ¡Es la economía, estúpido!