¿Renovación? ¿Qué renovación?

Tras darle vueltas y revueltas, el PSOE cuenta con un nuevo secretario general. Como viene afirmándose a bombo y platillo desde los últimos mandatos de Felipe González – y mira que ha llovido desde entonces – «éste es el de la renovación». No estaría mal que el PSOE se renovara, pero el panorama es todo menos fantástico. No voy a echar en cara al afortunado que votara a favor de las preferentes en Caja Madrid no una sino varias veces porque acepto la posibilidad de que no supiera ni de qué se trataba. Sé que la ignorancia no es excusa, pero, en ocasiones, podría aducirse como atenuante. Lo que me preocupa más es que para abordar el gravísimo problema que constituye el nacionalismo catalán propone una solución a la austrohúngara –es decir, la que acabó consiguiendo que el imperio austriaco saltara por los aires– y que su mentora máxima, presidenta de Andalucía, señale que lo que realmente separa al secretario general de Podemos es que no piensa salir del euro ni negarse a pagar la deuda nacional. Por lo demás, la presidenta andaluza, la Susi como la llaman familiarmente sus seguidores, insiste en que la mayoría de los españoles desea medidas de gobierno que llevan el sello socialista y creo –lo digo con horror– que no anda muy desencaminada. En otras palabras, la supuesta renovación va a consistir en terminar la labor de ZP, que erosionó hasta lo indecible el orden constitucional cediendo ante los nacionalistas catalanes con el malhadado estatuto y en señalar que lo único que tendría el PSOE renovado de diferencia con Podemos es la salida del euro y el impago de la deuda. Si se observa la Historia reciente del PSOE que ha ido del «OTAN, de entrada NO» a pedir el voto afirmativo para la permanencia en la OTAN o del GAL a entregar a ETA lo que desea en las conversaciones de Loyola, el mensaje que se está lanzando a Podemos es puramente marxista. No en el sentido de Karl –el de «Proletarios de todo el mundo, uníos»–, sino en el de Groucho que afirmaba: «Éstos son mis principios y si no le agradan, tengo otros». Es decir que, de llegar al poder el nuevo secretario general, los nacionalistas catalanes tendrán barra libre recogida en una eventual reforma constitucional y, por añadidura, si es necesario, también se discutirá aquello en lo que todavía no hay acuerdo con Podemos: la salida del euro y el impago de la deuda. Pues que Dios nos ampare.