Historia

Retrato en sepia

Han pasado treinta años desde que Felipe González fue investido presidente del Gobierno tras un triunfo electoral histórico, y los socialistas han querido celebrarlo ahora que de aquello apenas quedan unos pocos ecos. La foto de ayer es una foto en sepia con los bordes quemados por los ochos años de Rodríguez Zapatero. Dos legislaturas para olvidar si no fuera por una herencia desastrosa que va a marcar la vida de un par de generaciones de españoles. Las imágenes de quienes acompañaron a González en diciembre del 1982, siete años después de la muerte de Franco, todavía pueden emocionar a muchos ciudadanos que, por aquel entonces, soñaban con una España que se abría a un futuro democrático y no sectario. La verdad es que los primeros compases de aquel Gobierno de la izquierda nacido de las urnas después de una dictadura de casi cuarenta años, un fallido golpe de Estado, y un temor casi general a los llamados poderes fácticos, fue un gran soplo de aire fresco para la sociedad española. Una sociedad que, mayoritariamente, estaba dispuesta a apoyar aquel cambio sin condiciones, sin tan siquiera pararse a analizar las medidas que se estaban tomando. Nadie como Felipe González ha tenido en sus manos tanto poder en democracia en nuestro país. Y la verdad es que pasaron muchos años antes de que dilapidara la confianza que los españoles habían depositado en él.

La corrupción y la cada vez mayor lejanía de la realidad de la calle le dejaron a los pies de los caballos y le condujeron a aquella dulce derrota de 1996 que terminó con su liderazgo y dejó al Partido Socialista sin un referente claro. Porque Rodríguez Zapatero no fue más que un líder de cartón piedra que ha dejado al socialismo a la deriva para muchos años, como se demuestra en la pantomima celebrada ayer en Madrid.