Samper, el más grande

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Ahora que, en los primeros compases del siglo XXI, alardeamos, en falso, de tener la mejor liga del mundo convendría mirar treinta años atrás, cuando Manuel Vega-Arango, Antonio Baró y Jesús Samper pusieron los cimientos de la actual LFP. Lo que ellos llamaban ingresos atípicos condujo a un nuevo marco jurídico, a una nueva Ley del Deporte y la configuración de la Liga Profesional como la patronal del fútbol. Ellos sentaron las bases de todo, negociaron los primeros contratos e impulsaron los derechos audiovisuales. Todo cuanto el fútbol profesional disfruta hoy es obra de ellos. Los que han venido detrás se limitan a rascar lo que queda.

Jesús Samper fue un hombre avanzado a su tiempo, desde el Real Madrid y desde la Liga, en Europa y en América, conoció el fútbol profesional y el mercado mejor que nadie. Excelente abogado, jurista brillante, guasón insuperable, empresario de éxito, siempre con una buena cara para el mal tiempo; y leal, infinitamente leal. Asesinaron una noche sus intenciones de devolver al Murcia a la élite porque la envidia no perdona y en España cualquier triunfador es sospechoso; el envidioso apuñala los riñones con la cara enmascarada, pero lo delatan sus tatuajes y cicatrices. La emoción complica la visión del ordenador porque fluye con naturalidad, con el cariño y la admiración hacia un gran profesor, capaz de enseñar a quienes le siguen un camino de sabiduría, tenacidad y fe. Hoy, junto al dolor inmenso, siento el honor de haber compartido amistad más de tres décadas. Cada día hay más amigos esperándonos allí arriba, en el lugar al que viajan las almas bondadosas.