Sangre, sudor y estilo

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Antes de que Vicente del Bosque anunciara que el 31 se retira a sus aposentos, la suerte del sucesor estaba casi echada. Joaquín Caparrós acapara titulares; pero deja espacio a Paco Jémez, a Míchel, a Quique Setién, a Ernesto Valverde y a Camacho. Todos, entrenadores y tan distintos. En unos despunta el carácter; en otros, el estilo, y, sobre todo, en uno coinciden ambas cuestiones.

Descartados romances imposibles, como el de Pep Guardiola y la Selección, aunque por la «performance» sería el técnico idóneo; la dificultad de encontrar el sustituto ideal, ese Luis Aragonés que partió en la cresta de la ola deportiva, desde donde ahora sigue las incidencias, u otro Vicente del Bosque es el mayor obstáculo en el camino de Villar, de quien los otros candidatos a la presidencia de la Federación esperan –que lo hagan sentados– una consulta sobre la elección del futuro seleccionador, pese a que hay poco que discutir.

Después de cada desastre, en el fragor de la derrota, con la sangre hirviendo, lo que se demanda es un «sargento que meta a estos gandules en cintura». Por otra parte, como está sobradamente probado que los internacionales no han holgazaneado sino que han chocado con un equipo mejor que el suyo, el febril desencanto exige conservar el estilo por encima de todas las cosas. Es a partir de estas dos posibilidades cuando el debate se recrudece.

Sangre y sudor, o sea carácter, es lo que trasciende de la biografía de Caparrós, aunque al dirigirse a los internacionales evitaría decirles «estoy aquí para comunicaros que la vida, tal y como la habéis conocido, ha terminado». Caparrós no es el sargento Highway (Clint Eastwood) ni Míchel, identificado con el estilo, el coronel Nicholson (Alec Guinness). Camacho está en la sintonía del primero; Setién y Valverde, en la del segundo, y Paco Jémez, en la de ambos. El actual entrenador del Granada ha forjado su leyenda en el Rayo con fútbol alegre y mano de hierro. No obstante, la experiencia de Joaquín gana terreno.