The especial one

La Razón
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Nunca me gustó Hillary Clinton. No me molan las mujeres que reivindican principios que pueden plegarse ante la ambición. Dicho de otro modo: aguantar unos cuernos tan bestias y tan públicos, tan dolorosamente aireados a cambio de una carrera política me resulta asqueroso. Es vender nuestra esencia, es pisotear lo que tanto nos ha costado a las tías, es prostituir un ideal por el que muchas han luchado. Ella lo hace por tocar poder, la mujer de su adversario, la tal Melania Trump, vaya Vd. a saber por qué. Vaya Vd. a saber por qué traga una chica que podría estar con cualquiera, o con nadie, excepto con un tipo ridículo, misógino, xenófobo, un bocachancla importante. Yo hubiera preferido a un perro de aguas antes que a Donald Trump al frente del Gobierno de Estados Unidos, a una mona con dos platillos, a un oso hormiguero con una motosierra. Pero, amiguitos, nos ha tocado la especial. Nos ha tocado el patán de entre los mayores patanes, un tuercebotas con ademanes de macarra, un remedo de Rocky Balboa, un mamarracho con el que hay que poner a buen recaudo nuestro pussy, nenas. Pero todos esos prejuicios no serían nada ante lo que importa de verdad. Ha sido un empresario nefasto, con recuperaciones económicas basadas en colocar sus negocios en paraísos fiscales y en inversiones laberínticas. Sus opiniones sobre la inmigración no pasarían ni el algodón de Don Limpio, su desprecio ante la pobreza es vomitivo. Cuando puedan, consulten los dos libros que supuestamente ha escrito. Ha anunciado que nunca firmará como presidente un tratado para rebajar los niveles de contaminación, cree que algunas vacunas provocan autismo, quiere cerrar las puertas a sus propios ciudadanos afectados por el Ébola. Y, para que los liberales sigan defendiéndole, que ya es de traca, sus posiciones económicas son proteccionistas, así que a ver si se ponen de acuerdo los ultraliberales, que nos están volviendo loquitos. Que Dios nos coja confesaos. Vaya alhaja.