Tiempos de tribulación

La Razón
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La Sra. Cifuentes ha generado un problema, para propios y extraños. A falta de un año para las próximas elecciones autonómicas, anda agarrada a las paredes de la Casa Correos, como en las viñetas cómicas un beodo a una farola.

El Sr. Rajoy está haciendo lo esperable en él: dejar que el problema se resuelva por aburrimiento. Antes, hacer las cosas de esa manera no tenía mayores consecuencias, representaba una forma de actuar e, incluso, una personalidad, pero en la situación actual, lo que genera, es debilidad.

A Ciudadanos se lo están poniendo en bandeja entre todos. En la mayoría de las crisis, en las que solo pasaban por allí, terminan siendo los protagonistas.

El Sr. Rivera, un recién llegado a la política y sin mayor bagaje que un buen resultado en Cataluña, ha vuelto a humillar al PP, en este caso en la codiciada plaza de Madrid. No se trata de un acierto fruto de una estrategia precisa e inteligente de la formación naranja, más bien, entre todos le han regalado el trofeo.

El portavoz del PSOE quiso esquivar la moción de censura. De una batalla siempre surgen heridas y solo falta de un año para medirse en las urnas. Como dice el refrán popular: “en tiempos de tribulación, no hacer mudanza”. Algún malicioso pensará que sigue el dictado del primer jesuita, pero eso es desconocer que lo que dijo realmente San Ignacio de Loyola, es que “en tiempos de desolación, no hacer mudanza”, algo sustancialmente diferente.

Tiene sentido tener cautelas, pero no por autoprotección sino por otras razones. El Partido Socialista, a sabiendas de que no prosperaría la moción, tomó la decisión de presentarla por dos razones: para que no lo hiciese Podemos y así no llegar a una situación de debilidad de seguidismo al Sr. Iglesias y, sobre todo, para dejar al Sr. Rivera en una posición incómoda.

Pero la estrategia no estaba bien pensada, porque, en realidad, quien sale reforzado es Ciudadanos, que ante la opinión pública es el ejecutor de la Sra. Cifuentes y el PSOE pasa de ser el instigador a convertirse en un útil instrumento de los naranjas.

Lo del Sr. Rivera no tiene mérito, conseguir que se vaya la presidenta malherida, bajo amenaza de sumarse a Podemos y PSOE es sencillo, sin embargo, el éxito parece suyo.

Si el Partido Socialista quiere volver a ser alguien en política, debería pensar un poco mejor las cosas y tener mejores estrategias. No era tan difícil forzar la marcha de la Sra. Cifuentes sin entregar al Sr. Rivera todo el mérito.

Al PP le ha pasado tres cuartos de los mismo. Si le cuentan a alguien que perderían a la presidenta de la Comunidad de la Madrid y casi el gobierno, por un renglón en su curriculum vitae y después de haber bregado con los escándalos de corrupción de la era Aguirre y con la división interna, no se lo hubiesen creído.

Y es que, efectivamente, lo que ha hecho la Sra. Cifuentes es inconcebible, porque se marcha no tanto por decir que tenía un Máster que en realidad no tenía, sino por haber falsificado, presuntamente, todo lo que hiciese falta para intentar demostrar su mentira. El estado de opinión es que si es capaz de hacer todo eso para hacernos comulgar con ruedas de molino, no es de fiar al frente de un gobierno.

Cuenta con buenos asesores, ella misma tiene sobrada experiencia, si hubiese reconocido desde el principio la mentira, incluso hubiese apelado a un “error”, a estas alturas sería una muesca más en la culata.