Tonto institucional

El tonto institucional puede perfectamente ser muy listo en su casa. Un tonto institucional es todo aquel político que, por complejos de inferioridad, intereses o amistades, pone en peligro la dignidad de la institución que representa con decisiones incomprensibles. Es decir, que es un tonto discrecional, exclusivamente tonto en su despacho, pero con amplias posibilidades de redención durante los fines de semana y los períodos vacacionales, que en el Congreso de los Diputados son muchos y prolongados.

Lamento escribirlo. Es persona cordial y con buenos resultados de gestión en su pasado político. Pero don Jesús Posada se ha comportado como un tonto institucional. El Congreso de los Diputados no puede ser el escenario de la presentación de un libelo separatista aunque su autor sea diputado. El Congreso de los Diputados no está para esas cosas. Y en el caso de que lo estuviera, el libro del diputado separatista no merece ser presentado por su Presidente. Buenismo mal entendido, complejo estallante de inferioridad o simple majadería.

El diputado de ERC, Alfred Bosch, lleva ofendiendo a los españoles –catalanes incluidos, por supuesto–, desde que obtuvo su escaño. Ofensa de palabra, ofensa de amenaza, ofensa de desprecio, ofensa de humillación, ofensa de chulería y ofensa de separación. El separatista catalán es libre de decir lo que quiera y de manifestarlo como guste, mediante la voz o la palabra escrita. El diputado de ERC está en su derecho de utilizar la tribuna del Congreso de los Diputados para ensombrecer y nublar la imagen de España. Llevamos mucho tiempo soportando sus insultos y desprecios. Si Alfred Bosch escribe un libro y desea que se lo presente un personaje institucional, que lo haga Oriol Junqueras, pero no el Presidente del Congreso de los Diputados, que no está ahí por capricho, sino como consecuencia de los votos de más de diez millones de despreciados y humillados por el señor Bosch. Acompañará a Posada en la presentación del libelo Rosa Díez, pero ese detalle no resulta escandaloso, porque Rosa Díez en cuestiones de principios y coherencias es más que rarita. Rosa Díez es como la «dama, dama» de la difunta Cecilia, la niña en el bautizo, la novia en la boda y el muerto en el entierro. A Rosa Díez no es que se le haya visto el plumero. Es el plumero. Cincuenta por ciento de marabú y cincuenta por ciento de avestruz. Su innecesariedad elimina cualquier tipo de escándalo. No importa lo que haga o diga. Está en su guión.

Pero el Presidente del Congreso de los Diputados no está autorizado moral ni institucionalmente para presentar en la cámara legislativa el libro de un diputado separatista.

Que no esté autorizado por la ética y la estética para ello no significa que no lo haga. Lo hará. Se ha comprometido. Dejará caer alguna frase de justificación, pero la foto no tiene voz, y la foto ahí se queda. Una vergüenza. No comete delito alguno, pero cae en la más demoledora indignidad.

¿Qué anima a Jesús Posada a protagonizar tan evitable majadería? ¿Cree que se lo van a agradecer los separatistas catalanes? El Presidente del Congreso de los Diputados, reunión de la soberanía popular de España, no puede ser el escenario de la presentación del libro de quien aborrece a España y desea separarse de España. Y menos aún, acceder a ser su presentador.

Tonto institucional.