Un relevo sin traumas

De nuevo, en los Países Bajos, un monarca decide pasar el testigo a su heredero al alcanzar la considerable edad de 75 años. La reina Beatriz sigue la tradición familiar que se inició con su abuela, Guillermina, que abdicó en su hija Juliana quien a su vez lo hizo en la actual soberana. Así que poco ha debido sorprender a los holandeses la renuncia de la Jefa de Estado a favor de su hijo el príncipe Guillermo, de 45 años, los mismos que el Príncipe de Asturias.

La monarquía neerlandesa es la única excepción a lo que es habitual en el resto de Europa, es decir, que la sucesión se produzca al morir el monarca y le suceda el heredero de la Corona. Las razones para ese relevo, que se produce en un clima de absoluta normalidad, están en las palabras de Beatriz de Orange-Nassau: «la responsabilidad sobre nuestro país debe recaer sobre las nuevas generaciones».

Así que Guillermo, su primogénito, y su esposa Máxima se convertirán en reyes el próximo 30 de abril. A una edad razonable, sin dilatar la espera, la pareja se convertirá en símbolo de un país en el que los jóvenes sustituyen a los mayores sin ningún tipo de trauma.