Una Cataluña vacía

La Razón
La Razón FOTO: La Razón

No solo han sido el Banco Sabadell y CaixaBank los que han anunciado que se van de Cataluña para establecer su domicilio social en otros territorios. Gas Natural, textil Dogi, Service Point o la especialista en asesoramiento a profesionales, Arquia Banca, han optado por el mismo camino. Además, hay otras, como las históricas Codorniu, Freixenet o Catalana Occidente que están valorando tomar la misma decisión.

Distintos medios de comunicación han tirado de hemeroteca en los últimos días y han refrescado las declaraciones de Artur Mas de 2015, cuando negaba rotundamente que algo así pudiese ocurrir, y que solo se trataba de “infundir miedo a los catalanes”.

No es la única mentira que han articulado los separatistas, han asegurado que no va a tener consecuencias judiciales, “porque se trata de un asunto político” y han prometido que el paraíso terrenal vendrá de la mano de la independencia.

Ahora, empiezan a matizar, el Sr. Junqueras aseguró que el cambio de sede social es “temporal” y que, desde luego no tiene que ver con “su relación con la Generalitat”.

De lo que parecen no darse cuenta los líderes independentistas es de que las mentiras no duran eternamente. Podían afirmar, cuando la declaración de independencia era poco probable, que no habría fuga de empresas, pero, una vez que el gobierno catalán y sus apoyos parlamentarios han movido ficha y la declaración es probable e inminente, el escenario ha cambiado y las empresas, que piden a la política seguridad jurídica, toman decisiones.

De la misma manera, el código penal tipifica determinados delitos contra el Estado y es evidente lo que sucederá si algunos cargos públicos los cometen, aunque aseguren que no será así. El tiempo tiene un efecto infalible desvelando mentiras, lástima que a veces transcurre demasiado lento para nuestra paciencia o para nuestras necesidades.

Por ello, es indignante que quién inició el camino de la independencia en Cataluña, promovió la consulta del 9-N y es el máximo responsable de la situación a la que ha llegado la cuestión catalana, haya hecho declaraciones en el Financial Times en las que reconoce que Cataluña no está preparada para la “independencia real”.

Miles de catalanes están dispuestos a embargar su futuro y el de sus hijos en una aventura independentista que encabezan quienes no están contando la verdad sobre las consecuencias de todo esto. Con los ánimos calientes es difícil argumentar razones, pero cuando llegue la decepción no podrán mirar al Estado español, porque su frustración tendrá responsables y culpables, como el Sr. Mas, el Sr. Puigdemont o el Sr. Junqueras.

La mentira sobre el significado real de la independencia es una debilidad que el gobierno catalán intenta esconder arropándola con un relato épico. Pero fue cuando el Sr. Puigdemont se dirigió a los catalanes y, sobre todo, a los españoles y a la prensa internacional, intentando dar respuesta al jefe del Estado, cuando se evidenció el auténtico talón de Aquiles de la estrategia de los separatistas: la ilegalidad de sus actos.

Quién apela a la democracia y a los derechos fundamentales desde la agresión al orden democrático y constitucional ha perdido toda justificación. Si, además, para Cataluña, la ruptura con España representa un drama en términos sociales, personales, de relaciones afectivas y, por supuesto, en términos económicos, entonces no sólo no hay razón, sino que tampoco hay razones.

La huída de empresas ya no es un futurible y en lo que no se ha parado a pensar nadie es en que lo siguiente será la huída de ciudadanos. Quizá estarían más cómodos los nacionalistas en una Cataluña independiente y vacía, pero no los catalanes.