«Welcome refugees»

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Cuelga de un balcón en los altos del Ayuntamiento bis de Madrid, (el fetén está en la Plaza de la Villa), un gran cartel en el que se da la bienvenida a los refugiados. No especifica a qué tipo de refugiados y de dónde partieron para refugiarse en Madrid. La capital de España, sin pretender ofender a otras ciudades de España y de Europa, siempre se ha comportado con generosidad con los visitantes. Es una ciudad abierta, desordenada, culta, histórica, monumental, alegre y generosa. No es una mujer guapa, sino atractiva. Los guapos envejecen y los atractivos permanecen. Una actriz americana de los años cincuenta del pasado siglo se enamoró de Madrid. Volvió pasados los cuarenta años y lamentó el cambio a peor de los madrileños. «Han cambiado mucho. Antes me decían piropos muy graciosos y simpáticos, y ahora no me dicen nada». Madrid no había cambiado tanto. La que había cambiado, con cuarenta años más, era la actriz. En Madrid nadie pregunta de dónde viene el que llega y cuáles son sus planes. Madrid nada tiene de aldea y no se mira el ombligo. Reúne los mejores palacios y museos de España y del mundo, desde el Prado al Palacio Real, a cuyo lado, el Palacio de Buckingham es un formidable chalé, pero poco más. Madrid tiene la inteligencia de La Corte, y son madrileños todos los que deciden establecerse a su amparo.

No es necesario el cartel, porque Madrid lleva dando refugio muchos años a los que huyen de las tiranías y el hambre sin necesitar de apoyos publicitarios. Pero ciñéndonos a la pancarta municipal, creo que, de seguir exhibiéndose, habría que modificar su saludo de bienvenida. «Bienvenidos todos los refugiados». Es decir, todos, incluidos los que huyen de la tiranía venezolana que ha financiado al partido que gobierna actualmente en el Ayuntamiento. Es más, España por su Historia, tiene que recibir con mayores abrazos a nuestros hermanos de Hispanoamérica que a otros con menos derechos sentimentales.

Las peticiones de asilo de ciudadanos de Venezuela se han disparado en el último año. Son los que en mayor número, solicitan el refugio que necesitan su vida y su libertad. Por fortuna, no es el Ayuntamiento de Madrid sino el Gobierno de España y diferentes administraciones del Estado los encargados de conceder el amparo a los que huyen del asesino bolivariano. De ser el Ayuntamiento, todos los venezolanos serían devueltos a su país. En los últimos años, desde que Venezuela fue sometida al comunismo bolivariano, más de 125.000 venezolanos han obtenido la nacionalidad española, y otros 80.000 están pendientes de superar los trámites. Mientras haya una sola posibilidad de conceder la nacionalidad española a un refugiado, el venezolano tiene que ser el elegido. Más de quinientos años de fraternidad avalan su privilegio. Venezuela ha sido refugio de centenares de miles de españoles, que por razones económicas, familiares o políticas encontraron allí su futuro. El venezolano no precisa ningún tipo de adaptación. Su idioma es el español y sus costumbres son las nuestras. El venezolano no impone nada, ni amenaza a nadie, ni ataca creencias seculares. Somos nosotros de ellos, como ellos de nosotros. Y transcurren por uno de los períodos más duros de su Historia. Están en manos de golpistas, torturadores, asesinos, narcotraficantes y ladrones. España está obligada a devolver lo que de Venezuela ha recibido durante siglos de convivencia.

Me parece muy bien que Madrid ofrezca a los refugiados su bienvenida. Siempre lo ha hecho. Pero en estos momentos, los venezolanos tienen que disfrutar de la excepción. Ellos son los primeros.