¿Y si nos hacemos budistas?

Sostengo desde el hundimiento de Lheman Brothers que el mejor plan de jubilaciones es morirse a tiempo, lo que ha provocado la enemistad de mis conocidos que no entienden las sutilezas del kharma y no conciben la reencarnación si no hay memoria de la vida anterior, como esos niños Lamas que se evidencian como sucesores del Dalai fallecido. Por ello el actual Dalai Lama desaconsejó a Richard Gere que abrazara el budismo y se limitara a propagar la causa del Tíbet, tarea en la que sería más útil dada su notoriedad. Así ha hecho el galán apartándose de la Ciencilogía que arrasa Hollywood e incitó a Tom Cruise a degustar la placenta de la madre de su única hija, asunto que suena a canibalismo embozado. No estaremos tan mal, pese a las estadísticas de empleo, cuando De Guindos no propone la automoribundia de los ancianos como su colega japonés Taro Aso, bárbaro ministro de Finanzas que incita abreviar la vida de unos nipones ancianizados cuyos cuidados cuestan demasiados yenes al Estado. Por eso no entendían los «marines» que en Okinawa se suicidaran hasta los civiles ni comprendemos ahora el suicidio juvenil como variante del karaoke. No siendo teístas y careciendo de dogma, budistas y sintoístas se dan a la ligereza del aplazamiento de su mejor kharma hasta un ciclo económico más favorable. Taro Aso es un sabio aunque, rozagante, no se aplica a sí mismo la receta demográfica. Nuestro budismo-shintoísmo es el ciclo inexorable de las burbujas financieras que no previó Marx y comenzaron en 1636 con la crisis holandesa de los bulbos de tulipán hasta la décima actual que comenzó a ronronear en 2002 a 2007. Algún día dejará de llover; la cifra de desempleados no puede crecer al infinito a menos que desaparezcamos geográficamente. Quedan los 400 euros paliativos que prorroga el Gobierno y son la alternativa al gerontocidio de la lumbrera japonesa que debe haber estudiado Economía en una carnicería. Las crisis son cíclicas y tienen fecha de caducidad por lo que hay que vivir más y no buscar atajos. Está fechado el día en que necesitaremos mano de obra.