Opinión

Apoyo a la lista más votada

La Razón
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El bloqueo político e institucional de Andalucía se ha convertido en escaparate sobre la forma de interpretar y gestionar un Parlamento fragmentado por parte de las distintas opciones políticas. Las encuestas son recurrentes sobre el panorama que aguarda tras las próximas elecciones autonómicas y municipales y vaticinan escenarios atomizados con seis, siete y hasta ocho grupos con representación en distintas administraciones. Cada partido deberá demostrar hasta qué punto prima el interés general en sus decisiones o si lo supeditan a sus ambiciones cortoplacistas, como parece ocurrir en el caso andaluz con alguno de los recién llegados. La cultura del acuerdo no es en sí misma positiva o negativa. Otra cosa es cómo se instrumentalice, cuán eficaz sea y qué frutos rinda para el bien común. Hasta la fecha, la experiencia más repetida ha sido la del pacto en negativo, a la contra; o, lo que es igual, una macedonia de siglas de izquierda contra el PP. La mayoría de estos frentes populares, por no decir todos, han resultado perjudiciales para los ciudadanos, fundamentalmente porque el compromiso no era un instrumento al servicio de la gente, sino un fin en sí mismo para apartar a los populares de la vida pública. Por tanto, hay razones más que suficientes para aproximarse con escepticismo al laberinto político pronosticado. Otra cosa es que los españoles parezcan saber muy bien lo que quieren o esperan en la disyuntiva que se avecina. Según el sondeo de NC Report para LA RAZÓN, casi ocho de cada diez encuestados apoyan que gobierne la lista más votada y una mayoría (52%) rechaza experimentos como los tripartitos, convencidos de forma también mayoritaria (52%) de que la fragmentación del voto convertirá las instituciones en ingobernables. Conviene tener presente que la opción que cuenta con un respaldo casi unánime –gobierno del ganador– fue poco menos que estigmatizada por el PSOE y el resto de la izquierda sin valorar siquiera que resolvería no pocos problemas. El PP ha puesto sobre la mesa repetidamente esta alternativa, pero lo ha hecho sin éxito, aunque ahora en Andalucía más de uno la reivindique y la identifique con la voluntad de los andaluces por pura conveniencia, eso sí. En este punto, tanto Mariano Rajoy como el PP sólo pueden perseguir como objetivo prioritario convertirse en la candidatura con más apoyo y no distraerse en preparar el terreno para un futuro acuerdo. Se trata, en todo caso y a diferencia de la izquierda, de apostar por un pacto de ganadores y no de perdedores. También aquí los españoles muestran un criterio definido y así una mayoría entiende que Ciudadanos debe comprometerse con el PP (39%) y que Podemos debe hacerlo con el PSOE (23%) e IU (27%). Con todo, que el bipartidismo sea la alternativa favorita para casi seis de cada diez encuestados demuestra que la sensatez se impone.