Crece el rechazo a Artur Mas

España está a un mes de la Diada. El 11 de septiembre es la fecha que Artur Mas y los suyos han señalado para pisar el acelerador de las elecciones autonómicas catalanas del 27-S. Y sin embargo, como ya sucedió durante los pasados meses, el globo del independentismo pierde aire. Tanto que no logrará levantar el vuelo y salvar lo que realmente importa a Artur Mas: su futuro político. LA RAZÓN se hace eco hoy de una encuesta de NC Report que escenifica su fracaso. Sólo el 42% está a favor de la independencia catalana, una cifra que, como todos los expertos coinciden en señalar, volverá a descender según se aproxime la fecha de los comicios. Esta previsión se sostiene a tenor de otra de las preguntas, en la que se cuestiona si el desafío independentista ha perjudicado a Cataluña: más del 47% de los catalanes consultados han respondido afirmativamente. En resumen, en lo que coinciden la mayoría de los entrevistados, el 73,2%, es en que el Gobierno de Mariano Rajoy frenará el envite secesionista de Artur Mas. Una situación que, según los expertos, no tendrá lugar ya que la ciudadanía catalana votará con «seny» y responsabilidad en unas elecciones que son, ante todo, autonómicas. Los fuegos de artificio de Artur Mas, levantados para distraer a sus paisanos de una pésima gestión que le ha llevado a convocar tres elecciones en cinco años, tienen fecha de caducidad. La realidad es que el Estado, hoy por hoy, es el principal agente inversor en Cataluña. Una asistencia financiera que sólo en esta legislatura ha sido de más de 50.000 millones de euros. De ahí que no sean comprensibles las críticas de socialistas e independentistas al Gobierno, ya que, por un lado, el PSOE dejó el país a un paso de la quiebra y, por el otro, Artur Mas y los suyos han abandonado las necesidades y premuras de esta comunidad durante cinco años para dejarse caer por la pendiente del soberanismo.

El PP ha dejado claro, durante todos estos años de gobierno y de enfrentamiento directo con los que buscan levantar muros entre españoles, que su formación defiende para España un proyecto común, que no excluye y que quiere a todos dentro de la convivencia constitucional. De ahí el absurdo de un envite como el de Artur Mas, que condena a una parte de los españoles al ostracismo. Su ocurrencia política es un proyecto individual que sólo plantea divisiones y separación en una Europa del siglo XX que pugna por la integración y la colaboración entre estados. Mas especula sobre el recibimiento que tendría una hipotética Cataluña independiente –algo a lo que ha dedicado fondos y recursos–, mientras sabe que va en contra de los tiempos, de los marcos europeos, que son los que nos invitan a estar juntos para hacer los grandes proyectos entre todos. Lejos de su política pequeña. De supervivencia personal.