El precio de la «diplomacia» del separatismo

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Es lógico que si la Generalitat tiene una consejería de Asuntos Exteriores ésta se dedique a tejer su propia diplomacia con el objetivo de buscar aliados que apoyen la independencia de Cataluña. Estábamos advertidos desde hace tiempo, cuando pusieron en marcha las llamadas «embajadas», de las que en muy poco tiempo habrán 17. Ahora se ha producido un salto cualitativo con la estrategia de «internacionalizar el proceso» y buscar cómplices, no sólo para la ruptura territorial de España –propósito que es consustancial al nacionalismo–, sino de romper la propia Unión Europea. No ha servido que la UE haya dicho al máximo nivel, o Angela Merkel, que nunca aceptarán que un país socio sufra un proceso secesionista que, además, niega su Constitución. Los viajes emprendidos recientemente por el presidente de la Generalitat a Estados Unidos han sido una vuelta de turca en su escaso sentido del ridículo, pero sobre todo en la deslealtad que supone utilizar fondos públicos para desprestigiar a España y la calidad democrática de sus instituciones (llegaron a decir que se incumplen los derechos humanos). Hacen bien los partidos de la oposición en el Parlament –Cs, PSC y PP– en reclamar que los independentistas detallen el coste económico de esta «diplomacia», máxime cuando fanfarronean sin sonrojo de haber sido recibidos por ex presiente de EE UU Jimmy Carter, cuya fundación tiene muy reglamentada la tarifa para el apretón de manos. Veremos las cuentas.