Opinión

El PSOE elige la renovación

La Razón
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La victoria, contundente e inapelable, de Pedro Sánchez en las elecciones a secretario general del PSOE representa también el triunfo de la corriente renovadora en el partido y del candidato que ofrecía mayor garantía de centralidad, alejado tanto del radicalismo de Pérez Tapias como del representante del aparato Eduardo Madina. Como ya lo fuera en la recogida de avales, la hegemonía del voto andaluz en el censo ha sido determinante en el éxito de Sánchez, lo que le otorga a Susana Díaz una indiscutible autoridad moral en la nueva etapa del partido. No cabe duda de que la presidenta andaluza es la otra gran triunfadora de la jornada de ayer y, de algún modo, se coloca en la mejor posición de salida para aspirar a todo en el futuro no muy lejano del partido. Era la primera vez que el PSOE utilizaba el procedimiento de primarias para elegir a su secretario general. Lo empleó en 1998 para presentar al candidato a la presidencia del Gobierno, pero la experiencia terminó como el rosario de la aurora. Parece ser que en esta ocasión ha funcionado con mejor fortuna. Aunque no pueda decirse que los militantes socialistas con derecho a voto (unos 135.000 sobre los 197.500 registrados) acudieran en masa a las urnas, sí es cierto que el índice de participación (en torno al 60%) es más que suficiente para reforzar la legitimidad del vencedor. Además, conviene subrayar que Sánchez se ha impuesto en 11 comunidades autónomas, frente a las 6 que eligieron a Madina, lo que le otorga una variada representación territorial. Entre los diferentes escenarios posibles, el que salió ayer de las urnas es el más favorable para una rápida recuperación del PSOE en la medida en que evita su partición en dos y refrenda un liderazgo claro. De todos modos, al nuevo secretario general le queda por delante la ingente tarea de devolver la ilusión a los militantes socialistas y cohesionarlos en torno a un programa reconocible. Lo deseable es que lo afronte con el pragmatismo de un partido que quiere volver al Gobierno de España y con sentido de Estado en las cuestiones medulares que afectan a la convivencia de los españoles. Pero si sucumbe a la tentación de radicalizarse para hacer el viaje con IU y el emergente Podemos, es muy probable que el PSOE termine su camino como un partido irrelevante, incapaz de fraguar los grandes consensos que necesitarán los españoles en los próximos años. Cabe confiar, por tanto, en el buen sentido político de Pedro Sánchez, del que ha dado muestras a lo largo de la campaña frente a cierto continuismo de Madina y al frentepopulismo de Pérez Tapias. Como primeras providencias, deberá Sánchez decidir si convocará o no otras primarias en noviembre para elegir al candidato de las próximas generales. Y establecer cauces de diálogo constructivo con el Gobierno de Rajoy pensando en el interés de todos los españoles.