Editoriales

El secesionismo boicotea al Senado

Los partidos independentistas catalanes no pueden esconder que su estrategia principal pasa por la desestabilización del Estado de la manera que sea: desprestigiando a España en el extranjero al tratarnos como un régimen autoritario, poniendo en duda la imparcialidad de la Justicia o bloqueando una iniciativa parlamentaria que permita el normal funcionamiento de las instituciones. Hoy, ERC, votará en contra de que Miquel Iceta pueda ser senador por representación autonómica, un paso necesario para su posterior designación como presidente de la Cámara Alta. Estos eran los planes de Pedro Sánchez, que ahora, incomprensiblemente, han fracasado. Hasta ahora este trámite siempre se ha cumplido, sin tener en cuenta el partido al que le correspondería está asignación, que, por otra parte es «de manera proporcional al número de diputados de cada grupo parlamentario» (artículo 61 del Estatuto de Autonomía). Es decir, no es que el partido de Oriol Junqueras facilite con sus votos el nombramiento del dirigente socialista catalán senador, sino que es el que le corresponde por escaños. Se olvida, además, algo que también recoge el Estatuto y que tiene un fondo institucional: se eligen a «los senadores que representan a la Generalitat en el Senado». La pregunta es si impedirá la designación de otro senador. De ser así, la relación de Iceta con el independentismo puede entrar en otra fase, porque es un bloqueo en toda regla que muestra de nuevo que ERC sigue siendo fiel a su vieja visión de la política basada en la deslealtad institucional y un radicalismo propio de los años treinta. Hoy es el día que el Parlament debe elegir a Iceta, pero el voto contrario de los republicanos, Junts per Catalunya y la CUP impedirá que sea así, a pesar de que el resto de partidos, incluidos Cs, PP y los de Colau, facilitarán el trámite. Los secesionistas sumarán 65 votos, los mismos que los constitucionalistas más los comunes, por lo que se retirará del orden del día, según estable el reglamento del Parlament, al necesitarse más votos a favor que en contra. El motivo esgrimido para el veto de ERC no aporta nada nuevo: culpan al Gobierno de la decisión de la Junta Electoral Central de impedir que Junqueras, en prisión preventiva por el 1-O, participe en un debate electoral de TV3 y de los agravios más recurrentes del independentismo. Recordemos ERC pidió como condición que el líder del PSC acudiera a la prisión de Soto del Real para visitar Junqueras. Esta decisión tira por tierra la pretensión de Sánchez de que Iceta sea el nuevo presidente del Senado, una opción que ha presentado como clave en su estrategia para que esta institución ejerza de hecho las tareas de cámara territorial y federalización virtual del mapa autonómico, incluso abrir una vía de diálogo estable e institucional con el independentismo. Se sorprende Sánchez de la actitud de ERC, diciendo que «no vetan a Iceta, sino a la convivencia y el diálogo», lo que no deja de ser irónico, ya que este partido permitió el triunfo de la moción de censura y su llegada a La Moncloa. La convivencia está rota hace muchos tiempo en Cataluña. Sánchez se ha confiado en sus propias fuerzas, creyendo que el independentismo tendría algo que agradecerles por su abierta actitud de diálogo, incluso porque el propio Iceta fuese el primero que hablase de indultos. Aún reconociendo que fue un error anunciar que el líder de los socialistas catalanas iba a ser presidente del Senado, pasando por encima de la decisión de la Cámara, el veto independentista sólo tiene una lectura. Saben que no son determinantes en la formación del próximo Gobierno, por lo que utilizarán cualquier recurso para bloquear la situación. Es pronto para saber si este veto cambiará la relación que Sánchez quiere mantener con los dirigentes de la Generalitat y retomar el diálogo que se escenificó en la reunión del Pedralbes, pero todo indica que en el horizonte está la sentencia del 1-O. Todo, como siempre, puede ir a peor.

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