Esfuerzo frente a demagogia

La Razón
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Ha sido la primera vez que un presidente del Gobierno español visitaba la fábrica de automóviles de Opel de Figueruelas, desde su inauguración en el ya lejano año de 1982. Responde al anuncio de la empresa estadounidense de que la planta zaragozana va a fabricar la nueva línea de vehículos «Mokka», uno de los últimos éxitos de General Motors, con una gran demanda a nivel mundial, confirmando que la industria del motor se ha consolidado como una de las locomotoras de la economía española, tras el sector agroalimentario y el turismo. Mariano Rajoy estuvo, por lo tanto, donde debe estar un presidente del Gobierno. Un líder implicado en la promoción de las inversiones productivas, en la excelencia tecnológica y en el respaldo a las políticas de creación de empleo. En un mundo ideal, a este tipo de tareas, a estos desafíos, deberían dedicar todo su tiempo los representantes políticos, puesto que es el camino para salir de la crisis y el compromiso que demandan los ciudadanos, pero no parece que vaya a ser así. Hace tiempo que la oposición ha preferido el fácil expediente de la demagogia y el ataque personal para desgastar al presidente del Gobierno, exprimiendo asuntos que deben resolverse en el campo judicial, donde actualmente se encuentran. Nada aporta al objetivo principal convertir en arma arrojadiza, en permanente y cínica rasgadura de túnicas, con sobreactuaciones que producen rechazo, denuncias inconsistentes que se remontan a 15 años atrás. Pero, pese a ese ruido de fondo, nuestro país sigue marcando puntos positivos, recibiendo «alegrías», como dijo ayer el presidente del Gobierno, tan necesarias para reforzar el ánimo de la sociedad y remontar el curso de la situación. Las nuevas inversiones en la industria del automóvil son el ejemplo perfecto de cómo una buena gestión política unida a la negociación y a la flexibilidad de todos los agentes concernidos pueden cambiar las cosas. Y no son los únicos indicadores que llaman al optimismo en el futuro, pese a las cautelas con que el Gobierno acoge cada dato positivo. Pero lo cierto es que estamos en un punto de inflexión en la evolución de la larga crisis y que las perspectivas son optimistas. Desde el buen comportamiento de las exportaciones hasta los buenos datos de empleo del primer semestre de 2013 –que suponen el mejor inicio de año desde 2006–, pasando por el magnífico comportamiento de la industria turística, hay motivos para sostener el convencimiento de que la recuperación económica puede producirse en un plazo menor del que señalan los augures del FMI. A eso se refiere Mariano Rajoy cuando se queja de que tenemos tendencia a cargar las tintas en las «cosas que no son las mejores». Ayer, en Aragón, se produjo una buena noticia para todos los españoles.