Opinión

Estabilidad para seguir creciendo

La Razón
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La economía española crece a más del doble que la de la zona euro, invalidando tanto las cautas previsiones del Gobierno como las de Bruselas. El dato de inflación subyacente –es decir, la que se mide excluyendo los volátiles precios del petróleo y de los alimentos frescos–, con una subida del 0,2 por ciento, refleja la reactivación del consumo interno español y, pese a que la inflación general sigue en tasas negativas por séptimo mes consecutivo, los analistas descartan el riesgo de deflación, al menos, a medio plazo. En otras palabras, que el proceso de devaluación interna emprendido a raíz de la crisis, que nos ha hecho ganar en competitividad, se está viendo favorecido por la caída de los precios del crudo –en enero de 2014, el barril del Brent se cotizaba a 107 dólares, frente a los 50,1 dólares de enero de 2015–, incrementando sensiblemente el poder adquisitivo de los ciudadanos. Así, el menor precio de los combustibles en el último tramo de 2014 ha supuesto una renta añadida de unos 18.000 millones de euros, que es la misma cantidad que pondrá en manos de las familias la rebaja del IRPF. Como señalaba ayer el ministro de Economía, Luis de Guindos, se constata la tendencia de crecimiento, tras un giro económico de los que hay pocos precedentes en la historia reciente que, de mantenerse el actual rumbo, incidirá con mayor fuerza en el ritmo de creación de empleo, incluso a corto plazo. Pero este escenario, claramente favorable y que mueve a la esperanza, puede cambiar dramáticamente si se deteriora el otro pilar sobre el que se ha sustentado ese extraordinario giro económico al que se refería el ministro De Guindos. Hablamos, por supuesto, de la estabilidad política que ha supuesto en estos tres comprometidos años la existencia de un Gobierno respaldado por una amplia mayoría parlamentaria, que ha tomado decisiones difíciles, sí, pero que, a la postre, han resultado acertadas. Medidas que, sin embargo, combinadas con los estragos precedentes de la crisis, han tenido un coste que ha provocado el desencanto con el sistema de una parte de los ciudadanos. Y sobre esa desafección, que todavía no ve los resultados tangibles de las reformas y los sacrificios hechos, operan las clásicas fuerzas populistas, con mensajes puramente voluntaristas y que liberan de cualquier responsabilidad en lo ocurrido al cuerpo social. La actuación de estos grupos no es inocua, especialmente cuando se amplifica su influencia en el ámbito comunitario europeo en favor de intereses foráneos. Es el caso de Grecia y el intento descarado por parte del nuevo Gobierno populista heleno de vincular situaciones imposibles. Pero tienen su efecto, como demuestra el repunte de nuestra prima de riesgo, que vuelve a equipararse a la de Italia.Frente a esos oportunismos, que llevan la duda a los mercados, sólo cabe oponer la contundencia de los hechos.