Grecia rompe la baraja

La Razón
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Alexis Tsipras decidió ayer cruzar su particular Rubicón para dejar a los griegos al borde mismo de un precipicio de incalculables consecuencias de las que tampoco se librará Europa. El primer ministro griego decidió la convocatoria de un referéndum sobre la última propuesta de la troika (Comisión Europea, BCE y FMI) a cambio del rescate. En síntesis, el plan abordaba ajustes en materia de pensiones, IVA o mercado laboral que el líder populista había definido casi como líneas rojas, como condición para acceder a 15.500 millones de euros con los que sobrevivir financieramente hasta finales de noviembre. Atenas debe hacer frente a un vencimiento de 1.500 millones de euros del FMI el próximo día 30 y no tiene dinero para pagar. Tsipras planteó un órdago y rompió de paso la baraja en plena negociación de las partes con lo que no dejó margen a los socios comunitarios. Estaba casi cantada la respuesta a un planteamiento insólito y rupturista del responsable de un país y una economía abocados a la suspensión de pagos. El Eurogrupo rechazó la prórroga del rescate griego más allá del 30 de junio, lo que conllevará el fin también de toda la financiación vinculada al programa de asistencia. En este nuevo escenario, el Plan B del Eurogrupo pasó a ser el Plan A, o lo que es igual, cómo gestionar la bancarrota y la salida del euro de Grecia, y cómo salvaguardar la estabilidad financiera de la eurozona. Por la otra parte, la bravuconería de Tsipras esconde en realidad una enorme falta de coraje político para asumir la responsabilidad del gobernante y adoptar decisiones impopulares, pero necesarias por el interés general. La realidad es que Grecia queda abocado a un impago soberano y se arriesga a una nueva fuga de depósitos bancarios a partir de mañana, lo que podría obligar a imponer controles de capitales en los bancos (corralito). Hay que tener presente que los bancos griegos han perdido casi 40.000 millones de euros en depósitos desde diciembre pasado, una cuarta parte del total. En todo caso, puede que todavía no esté escrita la última palabra de este endemoniado enredo griego. Ayer, de madrugada, los griegos comenzaron a hacer cola ante los cajeros automáticos por el miedo a no poder acceder a fondos en unas fechas en las que se cobran salarios y pensiones y se pagan facturas. Y hay que recordar que el último primer ministro griego que intentó someter a referéndum un plan de rescate fue George Papandreu en 2011 y a los pocos días se vio obligado a desistir y a dimitir por la presión nacional e internacional. Con todo, la preocupación es lógicamente enorme en Europa. Nos asomamos a un escenario desconocido, de consecuencias imprevistas para todos, en un contexto económico dubitativo en algunas de las naciones punteras de la Unión. Las instituciones comunitarias disponen de instrumentos y capacidad para afrontar la ruptura y minimizar el contagio. Y en ello deben volcarse.