La fórmula agotada de la socialdemocracia

La Razón
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El freno al populismo en Holanda no es la única lección que nos han dejado unos comicios que también han confirmado el hundimiento de los socialdemócratas. Desde 2012, cuando se convirtieron en la segunda fuerza más votada con 24 diputados, la caída ha sido estrepitosa. En las elecciones de ayer, el PvdA pasó al séptimo puesto con tan solo nueve escaños. Esta realidad es extrapolable al resto de la Unión Europea, donde los partidos que representan al socialismo más clásico han sido castigados por los votantes sin apenas excepción. Es una fórmula agotada que se ha revelado incapaz de dar respuestas a la globalización y que ha defraudado a una clase trabajadora que se ha echado en brazos de opciones radicales a modo de protesta. Ocurrió en Grecia, Italia, España, Reino Unido y está a punto de repetirse en Francia. Es bien cierto que debemos congratularnos del hecho de que el xenófobo y ultraderechista Geert Wilders no se haya convertido en primer ministro holandés, pero conviene no echar las campanas al vuelo. Aunque las victorias de Donald Trump en EE UU y del Brexit en Reino Unido han servido de vacuna para alejar el virus del populismo de Europa, el peligro no ha pasado. Y para seguir construyendo la unión y dar respuestas a los ciudadanos, la socialdemocracia debe volver a ponerse en pie y hacer gala del europeísmo con que un día contribuyó a alumbrar lo que hoy es la UE.