Opinión

La necesidad de un PSOE fuerte

La Razón
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Los resultados del barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) presentado ayer arrojaron un dato histórico: el PSOE deja de ser la segunda fuerza política, lugar que siempre ha ocupado desde las elecciones generales de 1977 en los periodos que no ha estado al frente del Gobierno. Esta plaza la ocupará, según el mismo sondeo, Podemos, que alcanzaría en intención de voto el 23,9%, frente al 22,2% de los socialistas. El Partido Popular seguiría siendo la formación más votada, con el 27,3%, lo que no supone ninguna variación con respecto a la última encuesta de octubre de 2014. Sin embargo, el potencial voto popular está todavía muy indefinido por la abstención y la indecisión. En este sentido, la situación está muy abierta, aunque es evidente que las consecuencias serán importantes. Estos resultados dibujan un escenario inédito en la política española, basado hasta ahora en el equilibrio entre dos partidos mayoritarios que representan el 73,3% del electorado (en los comicios de 2011), capaces de articular políticas de Estado y de asegurar una continuidad institucional. La irrupción de Podemos como segunda fuerza a costa del tradicional votante socialista y también de IU obliga al PSOE a redefinir su estrategia, pues no sólo pierde la hegemonía dentro de la izquierda, sino su papel central en la sociedad española como una alternativa fiable y creíble. ¿Estamos hablando de un nuevo partido bisagra o parte necesaria para una coalición? España necesita un PSOE fuerte, cohesionado y con capacidad de gobernar. El radicalismo de soluciones maximalistas e inaplicables es un recurso del que el socialismo español debe huir, porque seguir la estela de Podemos sólo puede llevar a la implosión de un partido histórico. Sin embargo, sólo afianzando su alternativa desde la centralidad, que es el espacio desde el que se ganan las elecciones en España, puede superar esta crisis. El secretario general socialista, Pedro Sánchez, debe insistir en las políticas de Estado y en la consolidación de su formación en el espacio moderado de la política española. Es necesario, además, que todos los sectores que actúan en el partido lo hagan en la misma dirección. Seguir a Podemos es añadir más radicalismo a un partido –o movimiento– que crece precisamente desde la indefinición y la falta de alternativas concretas y que, por contra, ha conseguido introducir una dialéctica nefasta: la del ellos o nosotros. Si un partido que carece por completo de experiencia de gobierno, que no tiene ni un concejal, anuncia que de la nada quiere llegar a La Moncloa sólo denota una ambición de poder peligrosa. Se puede abrir en la política española un escenario desconocido, por lo que es necesario que los partidos con responsabilidad de gobierno favorezcan espacios de acuerdo, pacto y cohabitación.