Pactos sin compromisos

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Hoy quedarán constituidos 8.122 ayuntamientos españoles. A lo largo de estas semanas se han forjado pactos con el objetivo de acceder a los gobiernos municipales. Donde no han llegado los votos para conseguir la mayoría absoluta, han llegado las alianzas, aunque muchas de ellas sean contra natura. En el nuevo mapa municipal destaca un hecho: el PSOE y las candidaturas apoyadas por Podemos han pactado allí donde han podido con el objetivo de arrebatar al PP el gobierno de importantes ciudades. No sólo no han respetado la lista más votada, sino que si recurriésemos a las hemerotecas, comprobaríamos que los socialistas se habían comprometido en numerosas ocasiones a no pactar con el partido de Pablo Iglesias si no concretaba su programa o aclaraba algunos aspectos poco claros de su política. Para Pedro Sánchez lo prioritario en estas alianzas ha sido mermar el poder municipal del PP y presentarlo como una victoria propia o, en todo caso, como una tendencia que indica la recuperación de los socialistas. Efectivamente, los populares han perdido ayuntamientos tan importantes como Madrid, Valencia, Sevilla o Cádiz, por no citar otras ciudades en las que han necesitado el acuerdo de hasta cinco partidos, como es el caso de Valladolid, pero el PSOE no puede ocultar un hecho irrefutable: que en los pasados comicios municipales consiguió los peores resultados de su historia. Sólo fomentando un pacto anti-PP podían ocultar que los socialistas ya no son la fuerza hegemónica en la izquierda. ¿Recuperación socialista pactando con Podemos? Es una estrategia que comporta riesgos que deberían medirse con un sentido de Estado más fino. Basta leer el acuerdo firmado entre Ahora Madrid y el PSM para darse cuenta de que sólo se trata de una lista de principios y buenas intenciones con una falta de concreción alarmante. Por ejemplo: un asunto muy trascendente como la «operación Chamartín», no merece el menor comentario en este pacto. El argumento es que los puntos en los que no haya acuerdo no deben ser publicitados. En el caso de Valencia, el PP ha perdido la alcaldía después de veinte años, pero el pacto alcanzado entre el PSPV, Compromís y el apoyo de Podemos se ha hecho bajo el criterio de una muy vieja política de entregar la Comunidad a uno de los firmantes (socialistas) a cambio de cederle la capital a los valencianistas. El caso de Pamplona es más doloroso: con los votos del partido de Iglesias se ha entregado al alcaldía a los abertzales, presididos por Bildu. Pactar es bueno, por supuesto, pero en política, si queremos que sirva al ciudadano y no a los intereses de partido, debe especificarse muy claramente de dónde saldrá el dinero para llevar a cabo programas de difícil aplicación. De esto nadie habla.