Todo el voto de la derecha es útil

De nuevo, España está en campaña electoral. Oficialmente, porque desde hace cuatro años estamos en un permanente estado de movilización política, tan estéril como insistente. Cuatro elecciones en cuatro años es someter a la sociedad a una presión innecesaria para que elija la forma de gobierno deseable para cada partido, lo que es imposible. Los ciudadanos han votado y deben ser los políticos los que administren de la mejor manera el resultado, es decir, en beneficio del conjunto de la ciudadanía y preservando el orden constitucional. Pero no es así. La pasada legislatura fue un ejemplo de ineptitud política de la que no se debería abusar y que debe situarse como línea roja que no se debe volver a traspasar. Algo anómalo ha saltado a la escena política española que impide desbloquear una situación que, de prolongarse, tendrá efectos en una parálisis de los grandes proyectos de país, un retroceso imperdonable en un momento clave, y es que el patrimonio de la izquierda ya no lo tiene el PSOE y la derecha no es propiedad exclusiva del PP. Ya no vale invocar el voto útil, como si les perteneciera y sólo ellos pudieran rentabilizarlo y darle contenido político. Eso corresponde a una etapa lejana de cuando los grandes partidos tenían la mayoría absoluta. Eso lo sabe Pedro Sánchez y lo debería saber también Pablo Casado. Reivindicar como propio todo el voto de la derecha no tiene ningún sentido cuando además es contraproducente para la movilización de su electorado. En primer lugar, porque los populares ya no son el único partido que ocupa este espacio y se han abierto otras opciones con propuestas diferenciadas en materia fiscal, territorial y de derechos civiles. Cs y Vox, con diferencias, aunque con conexiones entre sus electorados, se perfilan como dos fuerzas fundamentales a la hora de sumar en este bloque. Casado no puede negar la evidencia: no tiene opciones para gobernar en solitario y no habría nada más estéril en su estrategia que reclamar en exclusiva la representación de la derecha. Si no quiere que el PP se hunda en la posición que lo dejó Rajoy en su última etapa debe entender que la derecha también es plural, No se corresponde con la realidad de los sondeos, ni el líder de los populares está en condiciones de olvidar que el poder que administra su partido –en Andalucía, Castilla y León, Murcia, Madrid o en el ayuntamiento de la capital– es gracias a los partidos de Albert Rivera y Santiago Abascal. En este bloque tiene un papel fundamental Cs, que pasa por un momento delicado tras su posición al negarse a facilitar la investidura de Sánchez, pero que de manera especial el PP no debería dar por acabado. Aun cumpliendo la ley de que todo voto perdido acaba encontrando un lugar, no sería bueno para el bloque de centro derecha una hemorragia incontenible de votos en las filas naranjas. Se equivoca Casado si piensa que esos electores elegirán las listas del PP, porque es un voto disputado también por el PSOE que, de situarse en la izquierda, debilitaría a la derecha que él quiere liderar. Pero por encima de todo, el objetivo debería ser desbloquear la situación y poner en marcha la legislatura sobre unos acuerdos de Estado sólidos. Todo indica –según los sondeos– que será Pedro Sánchez quien deba formar Gobierno, aunque su situación parlamentaria puede seguir siendo precaria, por lo que sólo el crecimiento del bloque de centro derecha puede facilitar una negociación seria sobre unas bases que estabilicen la situación política y den salida a los problemas más acuciantes. Dar respuesta a la recesión económica, pacto de una reforma educativa duradera, abordar una reforma constitucional y reconducir el desvarío nacionalista en Cataluña son tareas prioritarias que sólo podrán acometerse desde un pacto de Estado.