No puede haber miedo a denunciar

El incremento de las denuncias por delitos contra la libertad sexual en España es, aunque parezca una paradoja cruel, una noticia positiva, por cuanto demuestra que las mujeres están aprendiendo a romper el nefasto círculo del miedo y la propia culpabilización que, como un castigo añadido, sufren las víctimas de esta violencia abominable. Los datos del Ministerio del Interior, hechos públicos ayer, revelan que las diligencias por violación incoadas durante el primer trimestre de 2018 suponen un aumento del 28,4 por ciento. Se aducirá, no sin cierta lógica aparente, que no parece razonable aceptar la conclusión de que entre los varones españoles se haya despertado, y de un mes para otro, una «furia violadora» de tal entidad, pero aunque no sea así, lo cierto es que las denuncias por delitos contra la libertad sexual vienen creciendo año tras año en España, acercando nuestras estadísticas a las de las democracias occidentales más avanzadas, donde existe mayor igualdad de derechos entre géneros y donde, y es lo determinante, las mujeres han superado el miedo al estigma y a la discriminación. La violación es un acto execrable y es urgente, que no significa actuar con prisas, abordar el cambio de la actual tipificación de los delitos contra la libertad sexual. Una mayor claridad favorecerá a todos.