Opinión

Niño-rey

Una generación de tiranos crece en las escuelas, espoleados por unos padres incapaces de embridarlos»

Una generación de tiranos crece en las escuelas, espoleados por unos padres incapaces de embridarlos»

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Una de las medidas que la derecha adoptaría sin miedo a que se exacerben sus históricos complejos es la consideración de agente público del personal sanitario y educativo, al que cierto sector de la población ha tomado por su particular «punching ball». En la víspera del Día de Andalucía se ha adoptado la tradición de servir un desayuno en todos los centros escolares, consistente en un zumo y trozo de pan con aceite de oliva: más un guiño cultural que una medida alimentaria. En el colegio Manuel Fernández de Churriana (Málaga), la historia coleó hasta la semana siguiente, cuando el abuelo y la madre de un alumno prestaron oídos a su vástago, quejumbroso porque juzgaba insuficiente la colación. El hombre se conformó con insultar a la profesora encargada del reparto pero la buena señora le endiñó un cabezazo que le partió el labio y la mantuvo varios días de baja. En todas las noticias alusivas al suceso falta la referencia etnográfica tan frecuente en estos casos, aunque no es lo sustancial en este asunto, ya que el maltrato sistemático a algunos funcionarios es un cáncer que afecta a todas las capas sociales. Lo que hoy se denomina un problema transversal. De inmediato, la Junta filtró que trabaja en el borrador del proyecto de Ley de Reconocimiento de la Autoridad Docente y sería bueno que incluyese alguna disposición para desactivar a los pedagogos, esa partida de la porra que jamás agarró una tiza, pese a lo cual entroniza con sus ocurrencias al niño-rey, hasta convertirlo en un tótem, como las vacas en India, mientras niega al profesorado las herramientas disciplinarias imprescindibles para la educación de estas bestezuelas. Una generación de tiranos crece en las escuelas andaluzas, espoleados por unos padres que, incapaces de embridarlos, ejercen de palmeros y cómplices.