El ejemplo «Borgen»

La serie danesa «Borgen» podría servir de ejemplo a los políticos españoles de cómo llegar a acuerdos dejando de lado las diferencias

«Borgen». La serie de televisión danesa que gira en torno al mundo de la alta política, los entresijos del poder y los medios de comunicación está en boca de todos, a pesar de que su tercera y última temporada se emitió en Dinamarca hace ya casi tres años.

Y es que, aunque las comparaciones son odiosas, es imposible no encontrar similitudes y diferencias entre la ficción danesa, similar a series como «El ala oeste de la Casa Blanca», pero a la europea, y lo que está ocurriendo en España tras las elecciones generales del pasado 20 de diciembre.

Adam Price, guionista de la serie, en declaraciones a «El Español» sobre qué deberían aprender los políticos españoles de Dinamarca y de «Borgen», respondía: «luchar contra la corrupción ayudaría a recuperar la fe en el sistema político y los políticos en general».

Son muchos los analistas políticos y los periodistas en nuestro país que anhelan la capacidad de los daneses para lograr pactos, para encontrar puntos de encuentro, para adaptarse a las circunstancias buscando más lo que les une que lo que les separa. Y, si bien es cierto que es una serie y que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, no lo es menos que sí refleja una larga tradición de gobiernos de consenso en los países escandinavos o en su vecina del sur, Alemania.

Y todo aderezado con unos medios de comunicación capaces de lo mejor y de lo peor. Envidiable ese debate a siete entre todos los candidatos a primer ministro que se podía ver en el primer capítulo o esa accesibilidad de todos los políticos a las llamadas de los periodistas; maquiavélicos esos asesores, especialmente el personaje de Kasper Juuls, jefe de prensa de la primera ministra y que ha trabajado a ambos lados de la trinchera, razón por la que conoce mejor que nadie cómo funcionan ambos mundos, el de los medios y el de la política, para exprimir al máximo cada uno de ellos en función de sus propios intereses. Tras un emotivo discurso de Fin de Año de la primera ministra escrito por Juuls, el marido de ésta le da la enhorabuena: «Creía que eras un cabrón cínico». «Lo soy –contesta él–. Pero me pagan una fortuna por escribir estas mierdas emotivas».

Como escribía Miquel Pellicer el pasado año en su blog, citando a uno de los personajes de la serie, «empiezan como periodistas, se pasan la vida poniendo a políticos al descubierto, luego se convierten en jefes de prensa y, de repente, se pasan la vida engañando a sus antiguos amigos periodistas. Por si fuera poco, hay que joderse; poco después vuelven a ser periodistas. Para colmo, tienen el valor de preguntarnos por qué es tan cínica la gente». Quien las pronuncia es Svend Åge Saltum, líder del Partido de la Libertad en esta ficción televisiva.

Trapos sucios, sí, todos; traiciones y puñaladas por la espalda, sí, todas; tejemanejes, todos los del mundo. Periodistas utilizando la información en función de sus propios intereses o el de sus medios, asesores manipulando periodistas, periodistas manejando asesores, asesores filtrando información a políticos, políticos dejando a los periodistas acercarse al poder... Y es que en «Borgen», como en la realidad, periodismo y política forman un binomio perfecto.

Y pese a todo, ¿quién no siente cierta envidia de esos políticos alcanzando acuerdos, siendo capaces de sentarse todos con todos para dialogar, sin dogmatismos, sin líneas rojas, sin cordones sanitarios, sin independentistas, con el país como bien común...? Ojalá y nuestros políticos y periodistas viesen la serie y, sobre todo, aprendiesen de ella.