Las redes, ¿una fuente fiable?

Damian Allemand es un periodista del diario francés «Nice Matin». La noche del pasado jueves se encontraba viendo los fuegos artificiales que cerraban los festejos del 14 de julio, en Niza, en un bar próximo al paseo de los Ingleses, cuando todo ocurrió: un camión conducido por un yihadista radical se lanzó sobre la multitud concentrada junto a la playa y dejó 84 muertos, 10 de ellos niños.

Conmocionado por lo vivido, Damian escribió un artículo sobre lo ocurrido y lo subió a la red social Medium, y compartió el enlace entre sus seguidores de Twitter.

La historia llamó inmediatamente la atención de otros periodistas. En aquellos momentos, la información era aún muy confusa y los datos oficiales eran escasos y muchas veces incluso contradictorios. La única fuente eran, una vez más, las redes sociales.

¿Qué ocurrió? Pues que en cuestión de horas la crónica de Damian Allemand había sido compartida por otros muchos medios en todo el mundo. Además, fueron muchos también los que quisieron hablar con él para que relatara lo que había visto.

Vox.com, Al Jazeera, BBC News, Euronews, Los Angeles Times, The Wall Street Journal, Fox News, Reuters... todos estos medios se hicieron eco de su historia. Cuando en torno a las seis de la mañana Allemand subió también a Medium una versión en inglés de su historia, aquello ya era imparable: alrededor de 8.500 medios de todo tipo de todo el mundo le usaron como fuente para contar lo que había ocurrido esa noche en Niza.

Evidentemente, lo ocurrido pone de manifiesto la calidad del trabajo de Allemand y su profesionalidad, pero también suscita otras lecturas que tienen mucho que ver con el papel de las redes sociales como fuente de información, sobre todo en situaciones de este tipo en que no suele haber fuentes oficiales hasta horas después y en las que la necesidad de noticias apremia, pues los usuarios han perdido la costumbre de esperar.

Que miles de medios de comunicación hayan utilizado la misma fuente, en este caso un periodista con una buena historia, da que pensar. Tendemos cada vez más a la uniformidad de la información y estamos en manos de testigos no siempre fiables que suben a las redes testimonios o imágenes no siempre auténticos. Recientemente, en el atentado que sacudió Estambul, alguien subió a Twitter una imagen de otro atentado similar, y muchos medios lo dieron por bueno. Es imposible contrastar la veracidad de las fuentes, es imposible confirmar la autenticidad de las imágenes, de los vídeos incluso. De repente, los medios de comunicación nos hemos convertido en esclavos de los testigos que suben a Twitter o a YouTube sus imágenes o sus vídeos y todos nos lanzamos a «rebotar» dicho contenido. Sin duda, la forma de informar ha cambiado. El contenido que se sube a las redes sociales forma ya parte del discurso informativo y las fuentes lo saben. De hecho, cada vez es más habitual ya que los políticos, los famosos, las propias instituciones públicas... utilicen como canal para difundir su información estas redes sociales, en lugar de emitir un comunicado o hacer declaraciones. Y los medios acudimos a sus cuentas en dichas redes para buscar esa información.

El paso dado es irreversible. Evidentemente, es una forma de facilitar el trabajo de los periodistas pero, ¿es también una forma de mejorarlo? Eso, desde luego, está por ver.