Suma de geografía

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El bachiller Francisco Fernández de Enciso, del cual se ignoran muchos detalles biográficos, parece ser que nació en Sevilla; aunque no se sabe con exactitud en qué fecha, sí debió ocurrir a mediados del siglo XV: según Ibáñez Cerdá en 1469, basándose en una declaración que presentó Enciso en 1525 en la que manifestó que tenía cincuenta y cinco años. Llegó a América cuando cumplía los treinta y cinco años de edad y en 1508 lo encontramos plenamente instalado en la isla de La Española e incorporado en la acción descubridora y de población del Nuevo Mundo en los territorios ístmicos de Centroamérica, que en la época del descubrimiento los protagonistas españoles denominaron «Tierra Firme».

La investigación sobre la náutica española del siglo XVI, editada por el Museo Naval de Madrid, se ha enriquecido con el valor científico como cosmógrafo del bachiller Fernández de Enciso y la publicación de su obra «La Suma de Geographia», en la edición moderna de 1987 de esta importante obra, que se añade a las obras españolas de náutica y geografía, constituida por una importante serie de autores como Chaves, Falero, Medina, Cortés, Zamorano, Céspedes, Santa Cruz, López de Velasco, Vargas Machuca y muchos más, en las que, como escribió el almirante Julio Guillén Tato, Europa aprendió a navegar. La edición moderna de «La Suma» de Fernández de Enciso fue encargada al catedrático de Historia de los Descubrimientos Geográficos y Geografía de América, doctor Mariano Cuesta Domingo. «La Suma» de Enciso trata de todas las partes y provincias del mundo, con especialísima atención a las Indias, obra precedida de un explícito privilegio real que la encabeza, que expone las «costas de las tierras por derrotas y alturas, con onomástica de los cabos de las tierras, desembocaduras de los ríos, historia de poblamiento, toponimia, etc.».

El bachiller Fernández de Enciso escribe, pues, un libro de geografía, un ámbito intelectual que en la época en que se compuso representa una actitud específica en el campo del conocimiento de «visu» del mundo, que existe como consecuencia de las exploraciones de la Antigüedad griega y tiene como más caracterizado promotor a Herodoto de Halicarnaso. Lo conocido a comienzos del siglo XV queda reflejado en 1410 en la «Sphera dei Dati», en Florencia, y se representa en tres masas: Europa, Asia y África. Era el Ecumene o parte sólida, rodeada de grandes masas oceánicas, especie de cosmos inquietante y desconocido, poblado de monstruos peligrosos y leyendas atractivas. La expansión de los romanos queda reflejada en la onomástica «Finis Terrae». El viajero veneciano Marco Polo (siglo XIII) ponía en Cipango el final del mundo. La penetración en los tres continentes que siguió a la conquista romana dio nacimiento a un gran número de «Itinerarios», que describen rutas y caminos, así como tratados de Geografía general, como el de Hecateo de Mileto (525-500 a.C.), y muchas más, como el Ptolomeo, el único llegado hasta nosotros; los «Ochos libros de Geografía» dan principalmente listas de ciudades, cordilleras, ríos, etc., situados al norte del Ecuador. Los primeros autores cristianos se dejaron influir por indicaciones y referencias bíblicas. La información no se abrió paso hasta 1492 en círculos muy restringidos. El Imago Mundi de Petrus Alliacus.

Todo un mundo de ideas geográficas, de modo que cuando en 1410 se tradujo a Ptolomeo, representó un acontecimiento que le convirtió en dogma y dio origen en la proyección de viajes descubridores por Portugal y Castilla a errores por la falta de información sobre la conformación geográfica de las tierras, así como los sistemas náuticos de navegación, las corrientes marinas, los vientos en los océanos Atlántico y Pacífico, los viajes de vuelta en las navegaciones realizadas desde las bases peninsulares a los mercados exteriores, el conocimiento de las rutas de navegación y el establecimiento de puertos que fuesen cabezas de mercados en el conocimiento geográficos del mundo y que asegurasen la intercomunicación.

De aquí puede deducirse la importancia de «La Suma de Geographia» y del gran valor científico, tanto por la descripción geográfica cuanto por la medida de las distancias, del gran bachiller Fernández de Enciso, que antes de escribir este tratado de geografía participó con Núñez de Balboa en la fundación de Santa María la Antigua del Darién. En su obra, además, inventaba una tabla de leguas que abrazaba cada grado, según la inclinación del rumbo respecto al meridiano.