Tropas españolas en el Báltico

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Mentiría si no reconociese que al leer el excelente trabajo de Fernando Cancio, publicado por LA RAZÓN el pasado 1 de mayo, dando cuenta del próximo despliegue de 300 soldados españoles en Letonia encuadrados en un batallón multinacional liderado por Canadá, se me fuesen las ideas a otro despliegue. Pensé en un mismo Báltico orilla occidental y en las fuerzas que mandó el general Pedro Caro y Sureda, Marqués de la Romana, un hombre que había participado en la conquista de Menorca en 1781 durante el reinado de Carlos III y que luego participaría en las Cortes de Cádiz.

Entre finales de 1807 y primeros de 1808 se organizó y trasladó todo un cuerpo expedicionario. Aún éramos aliados de Napoleón y no se había producido el levantamiento popular del 2 de mayo que también hemos conmemorado estos días. El emperador había escrito a Tayllerand, apoyado en una cláusula del Tratado franco español de San Ildefonso de 1796, que «necesitaría un cuerpo de observación de 14.000 españoles en las costas de Hannover». Y allá se fueron los regimientos de Infantería de Zamora y Guadalajara, del Rey, un batallón de voluntarios de Cataluña, el de Caballería del Algarbe y los dragones de Villaviciosa y de Almansa. Cuesta imaginar el esfuerzo logístico que representó. Acuartelados inicialmente en Hamburgo y puestos bajo el mando del mariscal Jean Baptiste Bernadotte, futuro Rey de Suecia, fueron trasladados a principios de 1808 a Dinamarca. Su misión consistía en invadir junto con tropas francesas, holandesas y danesas la provincia de Escania, la más meridional del reino de Suecia. En aquella operación participaba también el zar Alejandro invadiendo desde el este, de acuerdo con negociaciones secretas firmadas entre Francia y Rusia en Tilsit.

Pero ésta es otra historia. No obstante, avanzo al lector de que ya hemos hablado de multinacionalidad, de disuasión, de ambiciones territoriales.

La cumbre de la OTAN, celebrada en Varsovia en 2016, muy afectada por la política rusa en Ucrania, recogió en sus decisiones una intensa preocupación de los países limítrofes de Rusia, Estonia, Letonia, Lituania y Polonia. Para apoyar a estos antiguos socios del Pacto de Varsovia y con importantes minorías rusas entre su población, se tomaron importantes decisiones que se van materializando.

No sorprende este despliegue a nuestros hermanos del Ejército del Aire que ya han participado en misiones de policía aérea del Báltico desde hace unos años. Ahora lo harán desplegando cinco F-18 del Ala 15 (Zaragoza) en la base aérea de Ämari en Estonia. Se trata de proteger el espacio aéreo de la región frente a las frecuentes violaciones de aviones rusos que operan sin plan de vuelo y con los transpondedores apagados con el fin de evitar ser detectados por los radares de la OTAN, lo que indiscutiblemente constituye una amenaza. «La OTAN con Rusia –señala Bruselas– es totalmente transparente; se le informa de los ejercicios y maniobras». Pero no encuentra correspondencia.

Tampoco es nueva la presencia de nuestros marinos en el Báltico formando parte de la Agrupación Naval Permanente nº1(SNMG1), la primera fuerza de respuesta naval de la Alianza, a la que ahora se incorpora la fragata «Reina Sofía» con algo más de doscientos efectivos a bordo.

La novedad la encontramos en la «presencia avanzada reforzada» de cuatro batallones multinacionales (Battle Groups) liderados por el Reino Unido, Estados Unidos, Alemania y Canadá que desplegarán en los cuatro países bálticos. Con Canadá, concretamente en Adazi (Letonia), se integrarán en junio los 300 efectivos españoles procedentes de la Brigada Extremadura y de la Agrupación de Apoyo Logístico de Valladolid, todos al mando del teniente coronel Juan Castroviejo. Quince países se integran en esta fuerza de marcado carácter disuasorio. España aporta material pesado como carros de combate Leopardo (6), blindados Pizarro (14) y transportes oruga acorazados (TOA,s) (12).

Siempre es buena la reflexión sobre la operatividad real de una fuerza multinacional. A pesar de que la OTAN ha creado un verdadero sistema operativo integrado, aún permanecen problemas de idiomas, de idiosincrasia, incluso de homogeneización de sistemas y armamento. No olvidemos que muchos países recientemente incorporados proceden de otro concepto del mundo de la defensa. Pero la multinacionalidad tiene el peso político de una voluntad conjunta, de la decisión de muchos de apoyarse si uno está en peligro. Para este tipo de misiones, su carácter es fundamental. Los técnicos dirán siempre que para misiones de combate puede acarrear problemas. Los vivimos en Bosnia. Pero en este caso la decisión es acertada. Por supuesto, esperando que no se repitan los hechos de los Balcanes o de Ucrania.

Se ha optado por el «prevenir mejor que curar». Si quieres la paz, prepara la guerra, (si vis pacem para bellum) nos enseñaron los romanos.

¡Feliz verano –os deseo que en paz– en el Báltico, queridos soldados, aviadores y marineros!