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Las borrascas se ceban con los frailecillos: el número de ejemplares heridos o muertos que han llegado a la costa del País Vasco se acerca al millar
Los temporales de las últimas semanas dejan cerca de 1.000 aves afectadas en el norte peninsular, muchas de ellas arrastradas exhaustas hasta las playas vascas y cántabras

Las sucesivas borrascas que han azotado el norte peninsular en las últimas semanas no solo han dejado lluvias persistentes y fuerte oleaje. También han tenido un impacto directo sobre la fauna marina. En apenas unos días, alrededor de un millar de frailecillos han sido encontrados muertos o en estado muy débil en distintos puntos del litoral cantábrico.
Solo en el País Vasco se han contabilizado en torno a 500 ejemplares durante el fin de semana, según datos de las diputaciones forales. De ellos, aproximadamente 200 han aparecido en Bizkaia y unos 300 en Gipuzkoa. La mayoría yacían ya sin vida o presentaban un estado de extrema debilidad tras ser arrastrados hasta la orilla por el temporal asociado a la borrasca Oriana.
Las playas de La Arena, Ereaga, Bakio o Gorliz figuran entre los enclaves donde más aves han sido localizadas. Algunos ejemplares, catorce en concreto, han podido ser recogidos con vida y permanecen en cuarentena a la espera de evaluar su evolución.
La situación se repite en otras comunidades del norte. En Cantabria, durante el mismo fin de semana, han sido hallados 150 frailecillos en circunstancias similares. Cuatro de ellos están siendo atendidos en el Centro de Recuperación de Fauna Silvestre del Gobierno regional.
Un fenómeno invernal que se agrava con los temporales
Desde SEO/BirdLife explican que la aparición de aves marinas en la costa es un fenómeno relativamente habitual en invierno, especialmente entre especies invernantes del grupo de los álcidos, como frailecillos, alcas y araos. Sin embargo, la intensidad de los temporales puede disparar el número de ejemplares afectados.
Las primeras señales de este episodio se detectaron en Galicia, entre las Rías Baixas y la Costa da Morte. Posteriormente, los hallazgos se extendieron hacia Cantabria y Asturias. En el conjunto de la franja norte, el balance roza ya el millar de aves.
El frailecillo atlántico, principal damnificado, es una especie pelágica que pasa la mayor parte de su vida en alta mar. A menudo se le compara con un pequeño pingüino por su aspecto, aunque a diferencia de este es capaz de volar. Su pico curvado y de vivos tonos rojizos lo convierte en un ave inconfundible.
Cría en el norte de Europa, en países como Islandia, Noruega, Irlanda o Reino Unido, y desciende hacia latitudes más meridionales durante el invierno, incluyendo el entorno de la Península Ibérica. Es precisamente en esta época cuando resulta más vulnerable.
Las tormentas intensas obligan a estas aves a realizar un sobreesfuerzo constante para mantenerse a flote y buscar alimento. El fuerte oleaje dificulta la pesca y acelera su desgaste físico. Cuando el temporal se prolonga, muchos ejemplares terminan exhaustos, incapaces de alimentarse con normalidad y sin reservas suficientes para resistir. El resultado es que acaban siendo empujados hasta la costa por las corrientes.
Los expertos recuerdan que, ante la localización de un ave aparentemente herida o debilitada, lo recomendable es avisar a los servicios de emergencias o a los centros de recuperación de fauna, evitando manipularla sin indicaciones. Mientras tanto, el Cantábrico sigue devolviendo a la arena el rastro visible de un invierno especialmente duro para estas pequeñas aves marinas.
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