España en Verano: Lo siento Sr. Douglas, no existe la adicción al sexo

En los manuales al uso de la Psiquiatría no se recoge como tal y son pocos los expertos en el terreno de las adicciones que se atreven a incluir a la sexual entre ellas, aunque en Hollywood se considere más que evidente que es una realidad. Son un buen número los actores que han confesado haberla sufrido, como es el caso del marido de Catherine Zeta-Jones, que en su película más reciente, «Behind the candelabra», interpreta al excéntrico pianista homosexual Liberace.

Michael Douglas protagonizó hace unos meses una polémica portada del New York Magazine. Foto: Jody Quon
Michael Douglas protagonizó hace unos meses una polémica portada del New York Magazine. Foto: Jody Quon

En Hollywood todo el mundo parece tenerlo claro: la adicción al sexo existe. Es real, real como la vida misma, real como la adicción a la cocaína, a los videojuegos o al alcohol. Lo confirma el hecho de que la hayan padecido (y en algunos casos, confesado) personalidades como Michael Douglas, Eric Benét (el marido de Halle Berry), David Duchovny y Tiger Woods, que incluso se internó en una clínica de rehabilitación para superarla. Sí, los testimonios de estas personas han sido suficientes para que todo el mundo esté convencido de la existencia de ese mal, de esa patología pertinaz a la que se es más propenso cuanto más alto es el caché. El problema es que no tienen razón. La adicción al sexo no aparece en los manuales al uso de psiquiatría. Por ejemplo, no está registrada como patología en el famoso Manual Diagnóstico y Estadístico de Enfermedades Mentales que elabora la Asociación Estadounidense de Psiquiatría y que se utiliza como base para la detección de desórdenes de la mente.

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