Religión

Francisco «arma» el Belén

El Papa explica en la carta apostólica «Admirable signum» el significado de cada figura del Belén y pone en valor la del mendigo a la que define como «el privilegiado de este misterio»

Cada año, el Papa es el primero en dar ejemplo. Durante los primeros días de diciembre, la Plaza de San Pedro cambia de cara para acoger el tradicional Belén. Las Navidades pasadas tocó un nacimiento elaborado con arena traída desde la provincia de Venecia y en esta ocasión tendrá su oportunidad un árbol procedente de las regiones del norte de Italia que el año pasado se vieron golpeadas por un tremendo temporal que arrasó bosques enteros. Faltan aún unos días para que el Vaticano inaugure su Belén, pero en el primer domingo de adviento el Papa quiso rendir homenaje a este símbolo cristiano.

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Mientras en España surge la polémica de cada Navidad sobre el uso del Belén o el modo de presentarlo, Francisco remarcó que la forma es lo de menos. «No es importante cómo se prepara el pesebre, puede ser siempre igual o modificarse cada año; lo que cuenta es que este hable a nuestra vida. En cualquier lugar y de cualquier manera, el belén habla del amor de Dios, el Dios que se ha hecho niño para decirnos lo cerca que está de todo ser humano, cualquiera que sea su condición», escribió en la carta apostólica «Admirable signum», difundida ayer. Es decir, el Papa argentino le dio categoría de documento pontificio a la defensa del Belén.

El texto quedó firmado en la localidad de Greccio, en el centro de la península italiana, donde se supone que San Francisco de Asís fue el pionero en el arte de colocar las figuritas. Bergoglio se adentró en la pequeña cueva en la que se cree que se produjo el ritual y allí afirmó que»delante del pesebre descubrimos cuánto es importante para nuestra vida, normalmente frenética, descubrir momentos de silencio y de oración». En su carta apostólica, el Pontífice detalló cómo fue el momento en el que San Francisco inició la tradición, en 1223.

Había salido probablemente de Roma cuando se detuvo en las grutas de Greccio, que le recordaron al paisaje de Belén. Contactó con un hombre del lugar, llamado Juan, y le pidió ayuda para cumplir con su deseo de rememorar el nacimiento del niño Jesús. Así fueron colocando una representación de los personajes para alegría de los pobladores de la zona y frailes de distintos lugares, que acudieron a Greccio para rendir homenaje a la composición. Desde entonces María, José y el Niño no faltan en las Navidades. Pero tampoco el buey, el asno o los pastores. Y a todos ellos ha querido rendir homenaje el Papa, con un detallado repaso a cada uno de ellos.

El niño Jesús. Obviamente, el protagonista. «Dios se presenta así, en un niño, para ser recibido en nuestros brazos. En la debilidad y en la fragilidad esconde su poder que todo lo crea y transforma. Parece imposible, pero es así: en Jesús, Dios ha sido un niño y en esta condición ha querido revelar la grandeza de su amor, que se manifiesta en la sonrisa y en el tender sus manos hacia todos», escribe el Papa. Bergoglio remarca la importancia de su simbolismo, pero también recuerda que la imagen del niño evoca «la alegría» que suscita un nacimiento en cada familia. La virgen María. «Su imagen hace pensar en el gran misterio que ha envuelto a esta joven cuando Dios ha llamado a la puerta de su corazón inmaculado», escribe el Pontífice. Francisco subraya la importancia de la madre de Dios como ejemplo de generosidad y resalta su papel en la difusión de la fe. «No tiene a su hijo solo para sí misma, sino que pide a todos que obedezcan a su palabra y la pongan en práctica», se lee en el texto.

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Viaje en el tiempo

Y José. Acompañando siempre a María y al Niño, San José «juega un papel muy importante» como «custodio que nunca se cansa de proteger a su familia». El Papa valora que «llevaba en su corazón el gran misterio que envolvía a Jesús y a María, su esposa, y como hombre justo confió siempre en la voluntad de Dios». Los mendigos. Fiel a su habitual discurso, Francisco no resta importancia a esos personajes secundarios. «Tenemos la costumbre de poner en nuestros belenes muchas figuras simbólicas, sobre todo, las de mendigos y de gente que no conocen otra abundancia que la del corazón», narra el Papa. Según él, «ellos también están cerca del niño Jesús por derecho propio», ya que «a menudo son más capaces de reconocer la presencia de Dios en medio de nosotros».

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Los Reyes Magos. En un periodo de consumismo disparado, el Pontífice pide que los Reyes Magos sirvan para reflexionar que esos regalos que portaban tenían un sentido alegórico, ya que «el oro honra la realeza de Jesús, el incienso su divinidad, y la mirra su santa humanidad que conocerá la muerte y la sepultura». Es decir, que para el cristiano deberían tener un significado espiritual.

También las montañas, los riachuelos, las ovejas y los pastores recuerdan la anunciación del nacimiento de Jesús. Así que, con todo ello, el Papa anima no solo a las familias, sino a «los lugares de trabajo, escuelas, hospitales, cárceles o plazas» a colocarlo. Lo define como un «ejercicio de fantasía creativa» y pide que allí donde haya caído en desuso, se redescubra y se revitalice. «Ante elBelén, la mente va espontáneamente a cuando uno era niño y se esperaba con impaciencia el tiempo para empezar a construirlo», sostiene Bergoglio. Y esa tradición viaja en el tiempo de generación en generación. Palabra de Francisco.