Bergogliadas por receta

«Misericordiar», «balconear la vida» o «hacer lío» son algunas de las expresiones argentinas y propias que marcan el lenguaje del primer Papa americano

El Santo Padre recetó , el pasado domingo, «Misericordina» a los peregrinos
El Santo Padre recetó , el pasado domingo, «Misericordina» a los peregrinos

«Misericordiar», «balconear la vida» o «hacer lío» son algunas de las expresiones argentinas y propias que marcan el lenguaje del primer Papa americano

Darío Menor - Ciudad del Vaticano

En los nueve meses que lleva como obispo de Roma, Jorge Mario Bergoglio, aquel cardenal «venido del fin del mundo» que fue elegido por los purpurados para suceder a Benedicto XVI, le ha dado la vuelta a la Iglesia y a la percepción que la opinión pública mundial tiene de ella. En esta segunda parte de su tarea reformadora han pesado sus gestos y su forma de hablar, sencilla, cercana y alejada de la sobriedad y los pomposos circunloquios que gastan en demasiadas ocasiones los eclesiásticos de la Curia vaticana. El lenguaje de Francisco es otro: claro, directo y cuajado de expresiones propias de Argentina. Con él, la jerga callejera de Buenos Aires se ha colado en la Santa Sede, alcanzando una repercusión universal. Bergoglio utiliza en las homilías de las misas de Santa Marta que celebra cada mañana, en las catequesis de las audiencias generales de los miércoles y en otras muchas intervenciones modismos propios del lunfardo, el habla popular de la capital bonaerense. En ocasiones va incluso más allá y crea sus propias palabras para tratar de hacerse entender mejor, sin importarle los preceptos que hace la Real Academia Española para el uso del español o los que prescribe la «Accademia della Crusca», que desempeña la misma labor con la lengua italiana.

La palabra «bergogliana» que más gusta a su propio autor es «misericordiando», el gerundio que el Pontífice ha creado para hablar de la que, a su juicio, es uno de los pilares de la fe cristiana. De hecho, él mismo lleva este concepto en el lema que eligió cuando fue ordenado obispo y que sigue utilizando como Papa: «Miserando atque eligendo», que significa en latín: «lo miró con misericordia y lo eligió». Bergoglio lo tomó de una homilía de San Beda el Venerable, quien comentaba con estas palabras la vocación de San Mateo. Francisco le explicó de dónde viene «misericordiando» al periodista Jorge Milia, alumno suyo en los años en que fue profesor de Literatura y Psicología en el Colegio Inmaculada Concepción de Santa Fe de Argentina y con quien mantiene una relación de amistad desde entonces. «El gerundio latino ''miserando'' es intraducible en italiano y en español. A mí se me ocurrió traducirlo con otro gerundio que no existe, ''misericordiando''», le dijo el Papa en un reciente encuentro a Milia, quien ha ido analizando la jerga del Pontífice en una serie de artículos recogidos por «L'Osservatore Romano», el diario de la Santa Sede.

Fue en Río de Janeiro, donde el pasado julio participó en la Jornada Mundial de la Juventud, cuando Francisco sorprendió más a los católicos al echar mano del lunfardo. En la vigilia de oración celebrada en la playa de Copacabana con alrededor de dos millones de personas, dijo: «Queridos jóvenes, por favor, ¡no balconeen la vida, métanse en ella! Jesús no se quedó en el balcón. Se metió. No balconeen la vida, métanse en ella como hizo Jesús». «Balconear», cuenta Milia en uno de sus artículos, significa literalmente «mirar desde el balcón», como un espectador que no participa en lo que está viendo y se queda cruzado de brazos. En la JMJ Francisco empezaba y terminaba sus alocuciones en portugués, pero en medio utilizaba un español cuajado de modismos argentinos, con un permanente uso del «vos» cada vez que se refería a los jóvenes. A ellos les invitó a que «hicieran lío». «Quisiera decir una cosa. ¿Qué es lo que espero como consecuencia de la Jornada de la Juventud? Espero lío. Quiero lío en las diócesis, quiero que se salga afuera, quiero que la Iglesia salga a la calle», comentó, pidiendo después perdón a los obispos «si algunos les arman lío». Los periodistas italianos que cubren habitualmente la información vaticana se quedaron desarmados con las palabras del Papa y, cuando le preguntaban a los colegas de habla española, no acababan de creerse que hubiera utilizado una expresión tan coloquial. Alguno, incluso, usó en su crónica un voz italiana más elevada de lo que correspondía a la traducción por miedo a poner en la boca del obispo de Roma esas palabras. En Brasil, Francisco también les pidió a los jóvenes que le hicieran un hueco a la fe en sus vidas, pero lo hizo a su manera: «Poné fe y la vida tendrá un sabor nuevo. Poné a Cristo en tu vida». La jerga de Bergoglio alegra y gusta a muchos católicos, pero no a todos. Un viejo obispo mexicano que prefiere mantener el anonimato lo considera chabacano, utilizando para calificarle un giro de su país: «Es un Pontífice chimoltrufio». Hacía referencia con ese término a un personaje televisivo mexicano de baja condición y escasa cultura.

«El señor nos ''primerea''»

La primera vez que Jorge Mario Bergoglio utilizó de forma pública una expresión popular argentina desde su elección como Papa fue el 18 de mayo, cuando presidió la celebración de la vigilia de Pentecostés en la plaza de San Pedro con los movimientos católicos. «Decimos que debemos buscar a Dios, pero cuando nosotros vamos, Él nos estaba esperando. Él ya está, y voy a usar una palabra que usamos en Argentina: el Señor nos ''primerea'', nos está esperando». «Primerear», escribe Milia, «nunca fue un neologismo virtuoso».