Coptos: El Papa, con los perseguidos por no abrazar el Islam

La amenaza terrorista no ha doblegado la voluntad de Francisco, que inicia hoy su visita a Egipto para promover el diálogo interreligioso y trasladar un mensaje de consuelo a la comunidad cristiana del país, amenazada por el fundamentalismo islámico.

El egipcio David Taufik reza en la iglesia Nuestra Señora de la Bien Aparecida de Santander
El egipcio David Taufik reza en la iglesia Nuestra Señora de la Bien Aparecida de Santander

La amenaza terrorista no ha doblegado la voluntad de Francisco, que inicia hoy su visita a Egipto para promover el diálogo interreligioso y trasladar un mensaje de consuelo a la comunidad cristiana del país, amenazada por el fundamentalismo islámico.

La amenaza terrorista no ha doblegado la voluntad del Papa Francisco quien, según estaba previsto en su agenda, difundirá su mensaje de concordia en Egipto hoy y el sábado. En su visita, el pontífice se reunirá con las principales autoridades políticas y religiosas del país y participará en una conferencia de paz para promover el diálogo entre credos. No se desplazará en un vehículo blindado, aunque el Gobierno egipcio ha dispuesto un formidable despliegue policial que se hace notar en las calles de El Cairo desde hace días. El Papa ha manifestado su deseo de que la visita «sea como un abrazo de consuelo y de aliento para todos los cristianos de Oriente Medio». Precisamente, en Egipto tiene su cuna la minoría cristiana más vigorosa de la región: los coptos conforman una comunidad que se siente hoy parte de un Estado, aunque los sucesivos gobiernos les han abocado a ser ciudadanos de segunda y donde el auge del terrorismo yihadista amenaza su integridad misma.

Las estadísticas oficiales indican que los coptos representan en torno al 10% de la población de Egipto, aunque se cree que la cifra no se corresponde con la realidad. En las últimas décadas, las autoridades del país han imposibilitado a académicos y legisladores recabar información para actualizar el censo que no da cuenta de los miles de devotos que han emprendido un éxodo con destino a países como EE UU, Austria, el Reino Unido o Canadá.

Nacido en la ciudad de Minya, en el Alto Egipto, Shady Obady regentaba un centro dedicado a la libertad de expresión y la identidad cultural a través del arte. Actualmente reside en Toronto en calidad de refugiado político: «la radicalización comienza desde la infancia y se basa en el desconocimiento. En mi ciudad natal muchos musulmanes prohíben a sus hijos entrar en casas de cristianos y viceversa, porque existe desconfianza entre ambos grupos religiosos. En las escuelas, durante las pausas, los musulmanes se quedan en el aula y los cristianos salen al pasillo. Así es como se alimenta la semilla del odio en lugares donde hay mucha pobreza y falta educación», argumenta este joven católico copto en la diáspora.

Sobre el papel, los egipcios disfrutan de una libertad de fe consagrada en la Carta Magna aprobada en el año 2014 aunque, en la práctica, los derechos de las minorías se ven continuamente cercenados. La propia Constitución dispone que el Islam es la religión oficial del Estado y prohíbe la conversión a cualquier otro credo.

Aunque la minoría copta ha visto aumentada su presencia en la Cámara de Representantes, apenas ocupa puestos de responsabilidad en la Policía o en las Fuerzas Armadas, así como en otras instituciones estatales o gubernamentales. «Tengo multitud de amigos y conocidos que no han obtenido trabajo a causa de su fe, especialmente en universidades. He escuchado decir cosas como que no iban a permitir que el campus se convirtiese en una iglesia», relata Shady desde su forzado destierro.

Poco tiempo antes de exiliarse, el joven presenció la espiral de violencia desatada en Minya tras el violento desalojo de las acampadas de los acólitos del depuesto presidente islamista Mohamed Mursi, acometido por las fuerzas de seguridad en agosto de 2013. Más de 40 iglesias fueron objeto de fieros ataques en esta y otras provincias del Sur del país, donde la turba efectuó saqueos y quemas de viviendas de ciudadanos coptos. El Alto Egipto ha sido foco de violencia sectaria desde que el presidente Anwar el Sadat promoviera el nombramiento en las instituciones de políticos islamistas para contrarrestar el poder de la izquierda naserista.

Convencidos de que los Hermanos Musulmanes aspiraban a hacer de Egipto un régimen de corte islamista, muchos coptos recibieron con alborozo el ascenso al poder del ex jefe de las Fuerzas Armadas, Abdel Fatah el Sisi, en junio de 2014. Un optimismo que se ha tornado en pesadumbre con la escalada de ataques contra sus lugares de culto en los últimos meses, reivindicados por el temible Estado Islámico.

El sentir general en el seno de la comunidad es que el Ejecutivo no está haciendo lo suficiente para protegerlos: «Las fuerzas de seguridad tienen responsabilidad en lo que está pasando. En uno de los vídeos que se difundieron tras los atentados los agentes apostados en el control estaban distraídos en vez de hacer su trabajo», explica Mina Hossam, ingeniero de 29 años.

En sus discursos, el presidente Al Sisi ha enarbolado con vehemencia la bandera de la igualdad de todos los egipcios. Iniciativas legislativas como la restrictiva ley sobre construcción y rehabilitación de iglesias contradicen sus palabras. Pese a que las jerarquías cristianas han aprobado el texto a regañadientes, activistas como Ishak Ibrahim, investigador en la Iniciativa Egipcia para los Derechos Personales y especialista en libertades religiosas, la ha calificado de catastrófica: «En primer lugar, es discriminatoria, para construir una mezquita no es necesario obtener un permiso, pero sí lo es para levantar una iglesia. Además, en la práctica, si la población musulmana de un pueblo, como hemos visto, se opone a la edificación de una iglesia, las autoridades sencillamente no responden a la petición para evitarse problemas».

Activista por los derechos de los coptos, Ibrahim se lamenta de que el Ejecutivo continúe discriminándolos : «La solución está en los centros escolares. Los programas deberían incluir un mensaje de respeto y convivencia, pero por alguna razón las autoridades no quieren luchar contra el radicalismo».Y recuerda que cuando los árabes invadieron la tierra de los faraones en el siglo VII, el término copto era sinónimo de egipcio. Esta comunidad insiste en que, a pesar de todas las calamidades que sufren, esta sigue siendo su patria.