El casting de Blázquez

La Razón
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A ritmo de música tecno. La que marcaron el padre Damián, el misionero redentorista que «La Voz» hizo mediático, y Toño Casado, sacerdote, músico y compositor madrileño. Animadores para la generación 2.0. Expertos en sus lenguajes y catedráticos en el Evangelio. Dos títulos que hicieron que el gentío se entregara y viviera con intensidad las dos fiestas, la de la música y la de la eucaristía.

Cuando poco antes de las dos de la tarde comenzaron a caer las primeras gotas de lluvia, uno daba por hecho que la fiesta de los jóvenes españoles en Czestochowa iba a dar para poco. Pero no. Los paraguas se tornaron en parasoles. El sol salió y se disparó la temperatura. Tanto como para que algunos obispos usaran la mitra para abanicarse y refrescarse.

Calor en la explanada donde hace 25 años Juan Pablo II presidió la otra JMJ polaca. Calidez para escuchar a Ricardo Bázquez, presidente de la Conferencia Episcopal un mensaje europeísta en tiempos de Brexit, de muros contra los refugiados y de sospecha permanente ante la amenaza yihadista. El cardenal de Valladolid reclamó una Europa sin fronteras, que garantice los derechos de todos aunque eso conlleve abandonar una falsa zona de confort. No dudó en plantear un particular casting entre los presentes, o si lo prefieren, una selección de personal sobre el perfil de los jóvenes llamados a recuperar ese humanismo cristiano de Europa. «Necesitamos personas abiertas por la fe al infinito, necesitamos misioneros de Jesucristo sin fronteras, voluntarios educadores y sociales sin fronteras, cuidadores de la salud de todos sin fronteras, defensores de la paz sin fronteras». Si Francisco pide a los jóvenes «armar lío», Blazquez les marca el camino: un compromiso social claro desde las aulas, en los centros de salud, en Cáritas, en una ONG, humanizando la política, desde la vocación laical a la consagrada. De la misa a la misión. Ver, juzgar y actuar en términos bergoglianos. Llueva o haga calor. Y en Polonia estos días puede darse todo. A la vez.