La misión del sacerdote: «Sed pastores con olor a oveja»

El Papa, en su primera misa crismal, les invita a no ser simples gestores sino a «poner en juego la propia piel» por su rebaño

El Santo Padre concelebró la misa del Jueves Santo con 1.600 sacerdotes en la basílica de San Pedro
El Santo Padre concelebró la misa del Jueves Santo con 1.600 sacerdotes en la basílica de San Pedro

El Papa Francisco abrió hoy el Triduo Pascua con la Misa Crismal, en cuya homilía dijo que el sacerdote no puede ser un gestor, tiene que salir «donde hay sufrimiento, sangre derramada».

El Papa Francisco aprovechó la homilía de su primera misa crismal como obispo de Roma, en la que los presbíteros renuevan las promesas realizadas en el día de su ordenación, para hablar de cómo debe ser el ministerio sacerdotal. Estas palabras las habría escrito hace un mes, asegura el diario argentino «La Nación». Las había preparado como arzobispo de Buenos Aires y sólo introdujo pequeñas modificaciones. Ayer, les pidió a los curas que «salgan» de sí mismos y que no sean sólo «mediadores», intermediarios entre Dios y los fieles. No deben caer en la tentación de convertirse en «gestores» que «no ponen en juego la propia piel ni el corazón», pero que tampoco reciben el «agradecimiento afectuoso» que nace del corazón de los feligreses.

De esta forma acomodada de entender el sacerdocio proviene «la insatisfacción de algunos, que terminan tristes y convertidos en una especie de coleccionistas de antigüedades». Para Francisco, los presbíteros, como él mismo demostró en sus quince años como arzobispo de Buenos Aires y en las tres semanas que lleva como Papa, deben ser «pastores con olor a oveja, pastores en medio de su rebaño». Siguiendo lo que pidió Jesús, han de ser «pescadores de hombres».

En la ceremonia de ayer, Jueves Santo, celebrada en la basílica de San Pedro, fueron bendecidos los óleos para los enfermos, catecúmenos y el crisma (aceite y bálsamos mezclados) sacramental que se usarán durante todo el año. Este último tiene sabor español, ya que se fabrica en Castelseras (Teruel). La Eucaristía fue concelebrada por los cardenales presentes en Roma y por un buen número de obispos y de sacerdotes diocesanos o pertenecientes a diversas órdenes religiosas. En total, concelebraron más de 1.600 personas, que dedicaron al Papa Bergoglio un aplauso cerrado al finalizar su homilía. A todos ellos les dijo que el presbítero «que sale poco de sí, que unge poco, se pierde lo mejor de nuestro pueblo, eso que es capaz de activar lo más hondo de su corazón presbiteral».

Volviendo a pedir una vez más que la Iglesia y, en especial, los curas, salgan de sí mismos, invitó a los sacerdotes a que «experimenten su poder y su eficacia redentora» en las «periferias». «No es precisamente en autoexperiencias ni en introspecciones reiteradas donde vamos a encontrar al Señor», advirtió el Pontífice. Los fieles, dijo el Papa Bergoglio, agradecen cuando el Evangelio «ilumina las situaciones límite», es decir, aquellos lugares donde «están más expuestos a la invasión de los que quieren saquear su fe». Los sacerdotes están llamados a permanecer siempre alerta, para descubrir en cada petición «el deseo de nuestra gente de ser ungida con el óleo perfumado».

A los «queridos sacerdotes» les dijo también que era bueno que la realidad los lleve a «ese mar del mundo actual donde sólo vale la unción y no la función». A los fieles, por su parte, les pidió que acompañaran a los presbíteros con «afecto y oración». Y, para terminar, rogó a Dios que renovase «el corazón» de los curas «de tal manera que la unción llegue a todos, también a las ''periferias'', allí donde nuestro pueblo fiel más lo espera y valora». «Que nuestra gente nos sienta discípulos del Señor y pueda recibir a través de nuestras palabras y obras ese óleo de alegría que les vino a traer Jesús, el Ungido», concluyó Francisco su homilía.

Un vía crucis que denuncia el fanatismo

Hoy, Viernes Santo, el Papa Francisco presidirá su primer Vía Crucis que parte del Coliseo romano. El rito arrancará con la lectura de unas meditaciones cuya redacción el Papa emérito Benedicto XVI encomendó a unos jóvenes de El Líbano. Cada uno da voz a las estaciones del Calvario de Cristo. Los realizaron bajo la dirección del Patriarca Maronita de Antioquía, el cardenal Bechara Boutros Raï y denuncian el abuso de los poderosos, avisan de los conflictos motivados por extremismos religiosos e invitan a los cristianos de Oriente Medio a permanecer en su tierra venciendo el miedo a la discriminación.