La visita los cambiará

El Papa durante la misa en la cárcel para menores Casal del Marmo, en Roma
El Papa durante la misa en la cárcel para menores Casal del Marmo, en Roma

El colombiano Ignacio Calle es el superior general de los Religiosos Terciarios Capuchinos de Nuestra Señora de los Dolores, la congregación religiosa que atiende a los internos de la cárcel para menores Casal del Marmo de Roma, que ayer visitó el Papa Francisco. Los «amigonianos», como se conoce a los miembros de esta institución fundada en España por Luis Amigó a finales del siglo XIX, se dedican a atender a los muchachos con problemas con la droga o con la Justicia.

- ¿Qué significa para los muchachos del Casal del Marmo que el Papa los visite y celebre la misa de la Cena del Señor con ellos?

–Estos jóvenes tenían puestas muchas expectativas en su encuentro con el Papa, aunque muchos de ellos no son creyentes. Hay otros que son musulmanes. Sin embargo, para todos se trata de un gran momento, para ellos es importante que les visite alguien que es tan significativo para tantos millones de personas en todo el mundo. Creo que puede ser un momento que les haga cambiar a algunos de ellos.

- ¿Cómo surgió la vinculación del Vaticano con esta cárcel para menores?

–El cardenal Agostino Casaroli, que fue secretario de Estado de Juan Pablo II, es uno de los grandes benefactores y amigos del Borgo Amigó, la residencia que se ofrece a los muchachos que quieren salir de esta situación de marginalidad y seguir recuperándose. Allí viven en familia y se facilita que se reintegren en la sociedad. Borgo Amigó está vinculado a Casal del Marmo.

- ¿De dónde viene la vocación de trabajar con estos muchachos?

–De nuestro propio carisma. Trabajamos con los jóvenes que se han desviado del camino de la verdad, lo que supone en muchos casos afrontar problemas relacionados con las drogas o violaciones de leyes. Tenemos presencia en 21 países, entre ellos también España. Se trata de una labor fuerte, pues por supuesto que no todos los chicos pueden ser reconducidos. Tenemos muy presente la máxima de nuestro fundador, Luis Amigó, quien decía que con cada joven que se lograba reeducar se estaba salvando una generación. Si vemos sólo las estadísticas, es muy difícil de aceptar la realidad. Hay que tener en cuenta los problemas de la sociedad y de las familias de estos muchachos.