No es una burbuja

La Razón
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La seguridad total no existe. Lo sabe todo el mundo. Menos aún en un mundo convulso como el nuestro, donde riesgos de todo tipo están a la orden del día. Por eso, sería una ingenuidad decir que la JMJ 2016 que comienza hoy es un evento completamente seguro. ¿Quién puede ser tan inconsciente o tan presuntuoso como para afirmar tal cosa? No sería una información, sino una profecía.

La alarma la lanzó la secretaría de Estado americana al inicio del verano, que mencionó como eventos «de riesgo» para los estadounidenses la Eurocopa, el Tour de Francia y la JMJ. Pocos leyeron la letra pequeña, que recomendaba a los americanos que no frecuentaran otros lugares concurridos como las playas de Europa, de la costa Este de Estados Unidos y la del Oeste, Asia, África y Oceanía. El natural miedo ha crecido después de los atentados de París, Bruselas, Niza y Múnich.

Dicho esto, puede afirmarse que la JMJ 2016 es un evento seguro, y que Cracovia será probablemente la ciudad más segura de Europa durante toda esta semana. El esfuerzo del Gobierno polaco es muy notable: hace dos semanas tuvo una especie de ensayo general con la cumbre de la OTAN en Varsovia, que se solventó sin un solo incidente. Un ejemplo para otras ciudades quizá con más prestigio, pero no tan bien organizadas como la ciudad polaca. Los controles de seguridad y las medidas de todo tipo para asegurar la integridad de los peregrinos son masivas: casi 20.000 agentes de Policía y bomberos, suspensión temporal de los acuerdos de Schengen para entrar en Polonia y medidas de vigilancia por la calle.

A eso se añade la colaboración cercana del Comité organizador con las autoridades polacas desde el minuto uno de los trabajos de preparación. Cada acto de la JMJ se ha revisado con calma y se han establecido los protocolos indispensables para que todo transcurra con serenidad. Habrá que hacer más colas, pero si en algo sobresalen los peregrinos, es en paciencia.

El peligro existe, pero es remoto. Polonia es un país de una cohesión social enorme, donde menos del 1% de la población es de origen extranjero. Nunca, en los últimos 60 años, ha sufrido un atentado. Los niveles de criminalidad son muy bajos. Existe una disciplina social y una capacidad de sufrimiento que sorprenden a quien viene de países muy diferentes. No es el momento de especular sobre las causas, pero es un hecho que las circunstancias contribuyen a un evento seguro.

Por otra parte, las JMJ tienen una tradición de 30 años de grandes concentraciones de personas en cuatro continentes, sin incidentes que merezcan reseñarse. Ni siquiera en la de 2002 en Toronto, pocos meses después de los atentados del 11-S, que se celebró sin sobresaltos. Es más, como todas las ciudades que han sido anfitrionas saben por propia experiencia (Santiago de Compostela 1989 y Madrid 2011 lo pueden atestiguar), la llegada de cientos de miles de jóvenes de todo el mundo transforman la ciudad y la llenan de serenidad, paz y alegría de vivir.

Por eso, los padres que ven estos días salir a sus hijos hacia Cracovia pueden estar tranquilos. No les prometemos que Cracovia será una burbuja de paz morada con sólo hombres de buena voluntad. Pero sí les podemos asegurar que estarán más seguros que en el Cañón del Colorado, los Juegos de Río o los canales de Ámsterdam.