Alberto Giacometti, el rostro interior del hombre

Desde el 2 de abril hasta el 7 de julio, el Museo del Prado de Madrid alberga una exposición dedicada a Alberto Giacometti, representante del arte figurativo del segundo posguerra.

Mujer de Venecia VII (1956), Alberto Giacometti
Mujer de Venecia VII (1956), Alberto Giacometti

En el marco de las celebraciones del Bicentenario del Museo del Prado, lugar de peregrinaje de varios artistas del arte contemporáneo, no podía faltar un homenaje a Alberto Giacometti, escultor y pintor suizo, original intérprete del clima de desconfianza y de pesimismo existencial que caracterizó la Europa del segundo posguerra.

Hijo de un postimpresionista suizo, Alberto Giacometti (1901-1966) empezó desde joven a copiar a los maestros del arte de todos los tiempos, llevando al cabo su formación en París. Al hilo de Brancusi, del Cubismo, de la escultura "negra"y del Surrealismo, a partir de los años 40, se centra en la representación de la figura humana, comenzando a realizar esqueléticas figuras de bronce, que parecen estar a punto de desaparecer, como si luchasen para sobrevivir.

Posiblemente influenciadas por el plástico etrusco, dichas esculturas presentan una anatomía demacrada y deformada. Sin embargo, la vibración óptica producida por sus superficies rugosas envuelve la figura entera con una luz misteriosa, equilibrando parcialmente la pequeñez de la masa corporea. No por casualidad, en su obra se observa una búsqueda incesante de lo real, que pretende trascender la apariencia de sus modelos, objetivo que el artista se propone de conseguir trabajando en dos de sus obsesiones: el simbolismo de los objetos y la reducción de la materia.

Uno de los aspectos más innovadores de la presente exposición, que cuenta con la colaboración de la Comunidad de Madrid y de la Fondation Beyeler de Basilea, concierne la organización de su recorrido, puesto que el visitante tiene que iniciar una especie de búsqueda del tesoro para encontrar las esculturas del artista suizo, que "transitan"por las galerías principales de la primera planta del Prado.

Se empieza por un conjunto sugestivo de cuatro esculturas, Hombre que camina II, Mujer grande III, Mujer grande IV, Gran cabeza, situadas en la emblemática sala de Las meninas de Velázquez, que aportan dinamicidad al recorrido del museo y, al mismo tiempo, en contraste con la espiritualidad de las obras velazqueñas, crean desorientación en el visitante. Luego, pasando por dos esculturas esenciales de Eli Lotar y por la representación de una mujer subida a un carro de dos ruedas gigantes, colocada frente a Carlos V en la batalla de Mühlberg de Tiziano, se llega a las Mujeres de Venecia, que, recogidas en una plataforma circular, reflejan la iconografia mental del artista, a raíz de las experiencias ocurridas en la II Guerra Mundial.

Definido por Sartre "el artista existencialista perfecto", Alberto Giacometti concebía el arte como un simultáneo lugar de confluencia del pasado y del presente, haciendo hincapié en la atemporalidad de la figura humana como modelo de representación del arte de todos los tiempos, puesto que, como escribía el mismo artista: "Todo se transforma en una forma tensa, de una violencia extremamente contenida, como si la forma misma del personaje fuera más alla de lo que el personaje es realmente, es decir, sobre todo, un nucleo de violencia".