Rafael Matesanz: “El altruismo es la gasolina para que fluyan las donaciones”

Aunque jubilado, sigue vinculado con el mundo de la donación. Le llaman de numerosos países para que explique el «modelo español». Ha decidido escribir un libro para analizar su éxito.

Cipriano Pastrano DelgadoCipriano Pastrano delgado

Rafael Matesanz ya no es el director de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT). Ahora sólo es Rafa, abuelo y asesor de empresas que quieren trasladar su éxito. Durante 28 años ha dirigido este organismo puntero en nuestro país y ahora son muchas las compañías que quieren «copiarlo». Por eso ha decidido escribir un libro, «Gestión con alma» (Esfera de los Libros), en el que, con ejemplos, da las claves para trasladar el conocido como «modelo español» a cualquier parcela, económica o social.

–¿El éxito de la ONT se debe al altruismo de los españoles?

–Es la gasolina que hace fluir la donación, pero necesitas una técnica para que fluya y eso es lo que nosotros hemos desarrollado. La clave de que a muchos países no les funcione es que creen que la donación es algo espontáneo, que surge de la gente y no es así.

–¿No tiene algo de cultural?

–En absoluto. En los años 80 estábamos muy por detrás de la mayoría de países. Teníamos menos donantes que Alemania y ahora contamos con cinco veces más. Lo que es evidente es que lo que ha pasado en España en estas últimas tres décadas ha cambiado la mentalidad de todos los españoles.

–¿Cuál era la respuesta de los familiares en esos años?

–Era bastante violento, no habíamos desarrollado la técnica. Aprendíamos de quienes habían pedido órganos antes, era bastante amateur. Te encontrabas reacciones violentas porque era muy difícil explicar que una persona a la que le late el corazón está muerta.

–¿Cuál llegó a ser el porcentaje de negativas?

–Nadie lo sabe porque no había estadísticas, pero es probable que fuera de un 40-50 por ciento. Una de las cosas que aprendimos es que, en mi hospital, la tasa de negativas dependía de quién estuviera de guardia. Mientras a algunos se nos daba bien, a otros fatal. Algunos recolectaban cien por cien de negativas. Para pedir riñones, que era lo que demandábamos entonces, era clave el que estuviera de guardia.

–¿Cómo diseñaron el modelo que ha triunfado?

–Por intuición. Sería petulante decir que estudié muchos libros porque no fue así. Vi las cosas que funcionaban y las apliqué.

–¿Sin burocracia todo funciona mucho mejor?

–Sí. Para los médicos, salir de ella es fundamental porque tenemos aversión a los papeles. Fue un proceso de abajo a arriba. Es lo que ha permitido introducir todas las novedades, como la donación a corazón parado.

–Si finalmente coge la cartera de Sanidad un ministro de Podemos, ¿podría meter mano en la organización?

–No es tan fácil. Es cierto que ha habido ministros que nos han dejado hacer más que otros. Hemos tenido que hacer de muro de contención con muchos. Meterse con el sistema es complicado, pero con el que dirige la ONT no lo es tanto.

–Desmontar un sistema que funciona...

–Suena muy mal hasta que se hace. Yo salgo a ministro cada año y medio. Desde que entramos en el 89 hasta ahora, creo que han sido 18. Suma y sigue. Alguna vez me han cesado a algún coordinador autonómico y se ha producido un descenso importante en la donación, pero a los ministros les da igual. Si tienes muchos problemas, para una cosa que va bien... Con nosotros solo tienen que hacerse la foto presentando buenos datos. Es raro que tengamos un follón importante.

–¿Cuál es la peor crisis que tuvo que afrontar?

–La del registro de donantes de médula que intentó traer una empresa alemana. Fue terrible. Me llegaron a amenazar personalmente en la Comisión Europea. Me avisaba de lo que me podía caer. Pidieron mi cabeza.

–De las nuevas técnicas que pueden llegar, ¿alguna puede poner en riesgo el sistema?

–No, queda mucho para que veamos órganos creados en cerdos. Creo que lo que está avanzando más rápido es la investigación en la reparación de órganos y no tanto crear otros bioartificiales, aunque Juan Carlos Izpisúa está consiguiendo grandes avances. Pero no sólo hay problemas técnicos, sino también éticos. Aunque se llegaran a crear órganos, el problema de la donación pasaría a ser económico porque sería muy caro y su fabricación tendría que cumplir con la norma actual.