«Arquitectura del cariño» para aprender mejor

Un colegio de Zaragoza se coloca a la vanguardia con la neuroarquitectura aplicada a la educación. Sus alumnos son los mejores de Selectividad en Aragón

En el colegio Liceo Europa de Zaragoza las clases de Infantil están organizadas en torno a un espacio circular muy amplio. Hay un enorme bloque central en el que se encuentran sillones para tumbarse, una montaña alta que simula el Moncayo a la que los niños suben. Hay trampolines, escurridores, rincones para esconderse y para hacer lectura de alumnos en parejas. Alrededor de ese gran espacio hay aulas que están comunicadas por cristales y cada una es completamente diferente en función de los aprendizajes que se van a llevar a cabo allí.

Los niños van circulando en torno a ese núcleo central y van recorriendo las aulas para adquirir distintos tipos de aprendizaje. Hay una zona dedicada al espacio, con mobiliario adaptado para los alumnos. Allí juegan con juguetes de robótica. Hay otro donde se juega al ajedrez, se disfrazan y se ponen coronas. Su construcción fue encargada a la sueca Rosan Bosh, una de las arquitectas más famosas en el diseño de espacios educativos. Los colores juegan un papel clave: los verdes, los amarillos y otros más potentes se combinan en un espacio en el que se exhiben obras de los niños. Es neuroarquitectura aplicada a la educación. El proyecto de este colegio privado de Zaragoza ha recibido el apelativo de «arquitectura del cariño» en una exposición celebrada en Londres en 2017 en la que participaron otros centros educativos de Estocolmo, Suiza o Reino Unido, entre otros. Allí recibió un premio después de constatar que «la luz, la temperatura, la calidad del aire, el sentido de pertenencia al centro, la flexibilidad y el color componen un todo que constituyen el 16 por ciento de los motores del aprendizaje», se dijo entonces.

En Primaria, el centro también sorprende: las zonas son amplias. Hay un ágora en el que se presentan trabajos de oratoria, y, en la parte superior, hay una tribuna escenario donde realizan debates y dramatizaciones. Son espacios abiertos y volcados hacia la comunicación. Hay mamparas que se corren y se organiza lo que se llama docencia compartida de tal manera que los alumnos no sólo reciben información de un profesor, sino de varios. Y ellos reciben comunicación y estímulo no sólo de su clase, sino también de otras. Y es que la neuroarquitectura gana espacio en el ámbito educativo, un aspecto en el que están trabajando ya algunas universidades, entre ellas la de San Diego, porque se considera que los espacios generan emociones, sentimientos e impulsos que nos llevan a relacionarnos de una determinada manera, encontrarnos más tranquilos o estimulados, según el momento. Esto se está llevando a cada vez más a los entornos de trabajo y en la educación está teniendo un impacto enorme. De hecho, el Liceo Europa recibe continuamente visitas de EE UU, Corea, Bélgica, Francia. El centro participa en numerosos congresos. «Las personas que vienen encuentran a niños que se mueven con mucha tranquilidad y seguridad. Se fomenta mucho la relación entre alumnos y es un tipo de arquitectura que, además de ser bellísima, fomenta mucho la relación y la colaboración. Y eso proporciona mucho deseo de investigar, porque experimentan situaciones placenteras y de éxito», explica a LA RAZÓN Amparo Escamilla, directora del equipo de proyectos pedagógicos y de innovación del centro educativo. Escamilla asegura, además, que no sólo la arquitectura tiene que ver en la mejora de la educación; también el centro aplica una metodología de inteligencias múltiples. «Se utilizan técnicas de trabajo cooperativo fusionadas con los contenidos. Los alumnos construyen conceptos, actitudes y valores, pero también se trabaja la convivencia y la toma de decisiones. Los niños tienen que construir conocimientos y experiencias con todos los recursos que su mente les permite», añade.

Ricardo Zapater, director general del centro educativo, está especialmente satisfecho con los resultados académicos de los alumnos. «Enseñamos a los niños a pensar. Es más, cualquier niño de primero de Primaria sabe qué es la metacognición (pensar sobre pensar). Estamos incluyendo contenidos y formas de trabajo innovadoras desde que en el año 2010 empezamos a pensar qué podíamos hacer para mejorar la educación». Hoy, sus alumnos tienen las mejores notas de selectividad de toda la comunidad autónoma.